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| Editorial

Que la ola de disturbios y violencia no llegue al país

Como es notorio, una ola de violentos disturbios se ha comenzado a extender por América Latina, y ya hay algunos analistas y dirigentes políticos, que sopesan la posibilidad de que todo esto es parte de una estrategia de desestabilización internacional alentada por la dictadura bolivariana de Venezuela, con ayuda de Cuba.

La afirmación que puede ser aventurada para algunos y visionaria para otros, tiene su base en dichos de Diosdado Cabello, el número dos del régimen dictatorial de Maduro, quien públicamente confesó estar contento por "la brisa bolivariana que recorre la región”. Todo en el marco de dichos que textualmente señalan que “Lo que está pasando en Chile, el motivo es algo muy nimio, sin embargo ha derivado en desórdenes de envergadura”, dijo y advirtió que fue significativo lo que pasó ayer en Buenos Aires, frente a la sede del consulado de Chile en Argentina.

Esas expresiones, avalaron el juicio emitido por algunos observadores y analistas políticos, que no dudaron en señalar que toda esta sorpresiva ola de violentos disturbios tienen un tufillo cubano - venezolano y de grupos de izquierda extremista que se percibe en distintos lugares de Latinoamérica, donde se han dado estos vigentes – lamentablemente - procesos organizados de desestabilización.

Para ello, apuntan a que simple y concretamente hay que seguir atentamente algunos discursos de Cabello y Maduro, donde por simple lógica se llega a pensar en un acontecimiento en cadena y organizado. Para sostener esta tesis, se señala que hay hechos que requieren frente al proceso de esta dictadura en Venezuela una definición política de candidatos a presidente de nuestros países, que sea categórica en su apoyo a la dictadura militar que está en sociedad con Cuba.

Para ello, es que se sospecha y se señaló en las últimas horas, es que se alientan procesos de desestabilización en varios países latinoamericanos.

Como en Chile, manifestantes en Ecuador y Argentina han sido exitosos en forzar a líderes políticos a realizar concesiones, por lo cual   estiman analistas que ello abonan esta ola que estiman alentará más protestas.

También se apunta a que la utilización de redes sociales ha ayudado a acelerar estos movimientos de rebeliones con estallidos desmedidos de violencia.

A lo que se sumó en las últimas horas, la sorpresiva situación que se dio en Bolivia, donde tras una suspensión de horas del escrutinio de sufragios de la elección presidencial del pasado domingo, de un escenario claro de segunda vuelta, se pasó a un triunfo de Evo Morales que aspira a un cuarto mandato presidencial consecutivo, maniobrado tras esa posibilidad, ser rechazada por plebiscito, lo que no frenó en su aspiración continuista del dirigente y líder boliviano. Algo que culminó en una serie de graves incidentes, entre quienes repudian esta situación creada llamativamente entre gallos y medianoches.

Todo esto, suma para que la utilización de la violencia como herramienta de protesta se haya extendido ahora al altiplano. Todo lo que se teoriza, se basaría en expectativas incumplidas, ya que el amplio crecimiento basado en la demanda y precios de materias primas, que se ha estancado en la última década a medida que los precios mundiales han caído, lo que generó frustración no sólo en el accionar de líderes políticos sino también contra todo el sistema económico y democrático.

Según el Banco Mundial, la tasa de crecimiento anual del PBI (Producto Interno Bruto) en Latinoamérica aumentó de 0,3% en 1990 a casi 6% en 2010. Pero desde entonces se ha reducido más rápido que el promedio mundial, a 1,4% pasando a mínimas por debajo del 0,3% del PBI en la región toda.

Como reflejo de ello, la confianza en el sistema político, ha alcanzado su punto más bajo. La encuestadora Latinobarómetro estableció así, que menos del 25% de la población de la región está “satisfecha con la democracia en su país”.

Todo porque a medida que la economía se desaceleró , la gente no ve que sus vidas mejoren tanto como esperaban y por ello nace esta ola de protesta que apuntan a los gobiernos y el sistema. Llamativamente esa situación se da ante gobiernos de centroderecha, como se comprueba con los hechos en Chile, Ecuador y Argentina.

En nuestro país, la situación es contraria a esta realidad y a tan solo seis días de elecciones entre continuismo de izquierda o cambio a gobierno de centro, esperemos que esa ola de frustraciones, inconformismo que detonó en acciones de violenta protesta no se den, tras los resultados, sean cuales sean.

Lo único que entendemos desde nuestra óptica como real, es que en el caso uruguayo, en quince años, no se realizaron reformas, inversiones y acciones que permitieran sostener el camino del crecimiento. Por eso es que hoy tenemos desempleo e inseguridad creciente y sectores en general en problemas. Pero nada de eso, se puede solucionar, como todos deseamos, si salimos del respeto para pasar a la anarquía como se planteó en Ecuador, ahora Chile y en chispazos de violencia exagerada en Argentina, ayer.