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| Editorial

Sin inserción internacional no hay futuro

Los  gobiernos del Frente Amplio, a los fracasos en educación, seguridad,salud, sumaron también una notoria falta de acción políticay gestión en materia de insercióninternacional.Se inclinaron por practicar una política internacional alineada a la ideologíade izquierda, progresistas populistas, lo que hipotecó notorias chances, muy convenientes  por cierto para nuestro país. Hablamos de  varios Tratados de Libre Comercio (TLC), que se pudieron y debieron suscribir  porque  darían la posibilidad de acceder a  mercados que de otra forma, no son fáciles de conquistar. 

Todo ello,  se desechó simple y concretamente por no coincidir  políticamente con la  ideología  que planteaban y practican  los gobiernos del FA. De esa forma, en una forma posición obtusa, se desconoció un principio realista y siempre vigente, de que los  países priorizan sus conveniencias  y oportunidades sobre toda otra razón.  No se atan ni se comprometen cerradamente por  la ideología.  Algo que  está en la tapa del libro y que es reiteradamente aplicado por  países  de todo el Mundo.

Lo sufrimos en carne propia,  cuando  hermanos países, con gobiernos coincidentes,   integrantes de lo que  se llegó a citar como  el “arco virtuoso de países progresistas populistas “supuestamente afines y hermanados al Frente Amplio, nos  dieron un portazo en las narices, cuando les convenía por el  proteccionismo que si debían aplicar para defender su economía, no dudaban en practicar.  Esos  actos  pocos amistosos,  fueron aplicados por Argentina  con los gobiernos “K” y Brasil con Lula y el  “PT”, ambos,  hoy en notoria desgracia y desprestigio.  Cuando desde nuestro gobierno se apuntó a terceros países para  realizar acuerdos bilaterales, se nos recordó que como miembros del Mercosur, no estaba vedado hacerlo.  Claramente se nos recordó que “se negocia como bloque o no está permitido”.

En estos temas, lo más resonante e histórico, fue no suscribir un TLC con EE.UU  que ofreció y en lo cual insistió su gobierno, todo por  la cerril oposición que a esa iniciativa, impuso el extinto Canciller Reinaldo Gargano, del ala  dura del Partido Socialista  con el apoyo del  Partido Comunista del Uruguay,  el MPP, la Vertiente Artiguista y otros grupos menores del FA. Hasta  la central sindical del PIT- CNT influyeron para que  el gobierno renunciara al acuerdo que  aseguraba mercados para muchas producciones del país, que hoy  carecen justamente de destino.

Todo porque se priorizaba la “protección” al comercio y la industria  nacional en su participación en el mercado interno.  Algo que es una utopía, porque nunca el país,  tuvo un mercado interno realmente  importante y voluminoso.  Al presente, cuando el mundo tiene problemas,  como consecuencias de la apaciguada, pero vigente “guerra comercial” entre EE.UU y China, el mundo transita en lo económico - comercial, con  un creciente proteccionismo y una creciente competencia de ofertas y precios a la baja. Como consecuencia de ello, el país cae en las siempre básicas e importantes exportaciones, a lo que se suman por  errores y despilfarros  propios,  un agudo déficit fiscal lo que nos llevan  a  un ya insinuado estancamiento y  retroceso,  con caída de  actividad en diversos círculos de la producción y comercialización. Todo lo que  inevitablemente, repercute finalmente en todos los sectores económicos- sociales del país.

Situaciones que lógicamente hay que  enfrentar, corregir y solucionar. Por ello,  hay que entender  y actuar para superar esta  coyuntura que nos complica. Es notorio que el país no solo tiene el problema de un elevado “costo país”  por los precios de la energía, combustibles y  una presión impositiva exagerada, para mantener un Estado demasiado pesado, costoso e ineficiente.

Para superar esta situación, hay que apostar a una inserción internacional inteligente,  donde el país, por su capital humano, con lógica mejora en su productividad y rebaja del “costo país”  puede tener su gran oportunidad. De otra forma,  no tiene muchas posibilidades de crecer.  Algo que hay que entender y asumir, y que cuando tuvo su gran oportunidad, no se supo lamentablemente por miopía política, aprovechar.

 

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