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Condiciones infra humanas de menores privados de libertad

Cómo son los adolescentes que se encuentran privados de libertad en el Instituto Nacional de Inclusión Social Adolescente (Inisa). De acuerdo a un informe elaborado por técnicos de la Facultad de Psicología, el Consejo de Formación en Educación (CFE) y Unicef tienen las siguientes características que venimos desarrollando en este espacio.

Pese al “importante rezago” el informe señala que hay una “mejora” en el nivel educativo alcanzado respecto al 2008, el cual se refleja en un aumento porcentual de los adolescentes que tienen ciclo básico incompleto como máximo nivel educativo, ya que este grupo pasó del 30,1% del total de adolescentes privados de libertad al 57% en 2018.

El consumo de medicamentos es un aspecto de alta relevancia entre los privados de libertad. Un 56% dijo consumir medicación psiquiátrica, mientras que un 82% de ellos dijo que lo hacía para poder dormir.

Los investigadores hallaron un aumento en el consumo a medida que los adolescentes estaban más horas internados. “Entre quienes registraban menos de 12 horas diarias dentro de la celda, consumía medicación un 32%, mientras que entre quienes pasaban en ella entre 12 y 18 horas lo hacía un 52%, y esta cifra crecía a un 67% entre los adolescentes que pasaban dentro de la celda más de 18 horas por día”, señalan los autores.

Composición familiar. Entre los internados también se observan realidades diferentes respecto a la composición familiar. Un tercio de los consultados (34%) dijo que vivía en un hogar monoparental, encabezado principalmente por una mujer. En tanto, un 9% dijo que no vivía con ninguna “figura adulta referente” y el 11% manifestó tener hijos. De estos 29 adolescentes, 28 tenían un hijo y un varón tenía dos. De los 30 niños y niñas, 11 nacieron estando su padre privado de libertad.

En cuanto a las condiciones del encierro el informe concluyó que existe un “trato cruel e inhumano” ya que ocho de cada diez adolescentes están más de 12 horas diarias dentro de las celdas, y cinco de cada diez pasan más de 18 horas encerrados. En este lugar realizan sus actividades cotidianas de descanso, alimentación, higiene, ocio y recreación.

Dieciséis adolescentes declararon haber tenido que hacer sus necesidades en la celda porque no tenían inodoro, y uno de cada dos dijo que no contaban con agua potable para beber. Los investigadores también indagaron sobre el agua caliente en las duchas, y solamente 155 (58%) dijeron que tenían “siempre”, mientras que 37 afirmaron que no contaban con duchas con agua caliente.

El informe también indica que al menos un día a la semana el número de personas superó al de camas disponibles, y un 17% afirmó que en todo ese lapso hubo más colchones que camas.

“Las malas condiciones de ventilación relevadas, combinadas con los datos recogidos sobre la disponibilidad de agua potable en la celda, así como la situación de hacer allí las necesidades fisiológicas, configuran una situación sanitaria comprometida”, subraya el texto.

Por último, el informe señala que el 80,6% de las infracciones cometidas por los adolescentes en 2017 fueron contra la propiedad, el 50,6% se produjo sin ningún tipo de violencia contra las personas (43,7% hurto y 6,9% receptación) y el 30% correspondió a rapiñas desde amenazas, hasta el porte de armas y la agresión física. Las infracciones contra las personas representaron el 6,3%, del cual el 3,6% fueron lesiones personales y el 2,7% homicidios, según datos del Poder Judicial.

Es altamente probable que reproduzcan en sus delitos las broncas que les generan las condiciones, a lo que hay que sumar que su formación partió de niveles muy bajos, al punto que tener un pariente cercano preso es algo común. ¿Cómo no relativizar el delito entonces si es algo casi familiar, normal se diría?

 

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