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| Editorial

La caída de la educación publica

Según un informe oficial del Consejo de Educación Inicial y Primaria (CEIP), se supo que en promedio - al culminar cada  año lectivo -  se  comprueba que un 11% de los escolares  mostraron no saber leer, sumándose así a otro porcentaje también importante y lamentable. Que el 10,5%  del alumnado, terminan repitiendo los cursos,  ya que además de carencias en operaciones simples de matemáticas y  escritura, tampoco tienen buenos niveles  de lectura.

Esta situación se genera por distintas causas,  pero la más importante  es  el elevado número de alumnos que en forma diaria faltan no recibiendo por lo tanto  en forma regular  los básicos conocimientos.

Se maneja la increíble cifra de que en promedio unos 50 mil alumnos,  a diario, y por las más diversas e inexplicables razones no concurren a la escuela. Algo que según jerarcas de la ANEP si se traslada a dinero, equivale a la abultada cifra de 600 mil dólares, que el Estado invierte en una educación que lamentablemente no llega a un número muy importante  de  alumnos de las escuelas gratuitas que ofrece el  Estado

Quienes más faltan, son los niños que provienen de los sectores y hogares de mayor pobreza, que en definitiva son los que más la necesitan, en tiempos que notoriamente,  con solo leer, escribir y saber algunas simples  operaciones de sumar, restar y multiplicar,  no  es suficiente.  Demás está decir, que son los que así,  tendrán en el futuro muy pocas  posibilidades de avanzar  y tener buenas oportunidades en materia laboral y por ende de  progreso  personal y  familiar, como es deseable y todos  aspiran.

Los señalados datos se basan en los brindados mediante el  programa LEO, una evaluación orientada a estudiantes de segundo año de Primaria que se efectúa a mitad del año en cinco habilidades como lectura, oralidad y escritura.

Las autoridades,  cuestionan la edad de ingreso al primer año con el corte que se realiza al 30 de abril y la identificación entre quienes cumplen en enero, febrero y marzo como más inmaduros para el nivel exigido , lo que se dice,  complica su aprendizaje. De acuerdo a las estadísticas, el 43% del total de los repetidores ha comenzado el año lectivo sin cumplir seis años, sin embargo, el criterio plantea diferencias con los docentes.

La edad cronológica no permanece estrictamente ligada al resultado de su desempeño, sino al estímulo e impulso del contexto en que se encuentra el estudiante. La situación económica es determinante y, aunque no se quiera reconocer, la educación pública revela las desigualdades e inequidades de todo tipo, tal como siempre lo hizo. Además, en el aprendizaje influye la formación docente y el tiempo pedagógico dedicado a cada uno.

Un niño con poco estímulo hacia el deporte, la lectura u otras habilidades, conspira contra el normal desarrollo de las capacidades y no generan la autoestima necesaria para continuar en los siguientes niveles educativos. Esas diferencias se profundizan y su trayectoria dependerá de su voluntad. Ahí se verá el rezago y posterior abandono porque un entorno ausente o desinteresado, es un entorno poco amigable para su desarrollo. En definitiva, cargar las tintas a la edad parece poco convincente porque el problema es multicausal y el compromiso es de dos partes. Sin duda hay docentes a todos los niveles, que son vocacionales y que saben llegar a sus  alumnos y otros simple y llanamente, toman la tarea como una manera de ganarse la vida, pero no lo sienten ni se preocupan como deberían por sus alumnos.

Algo de esto, se confirma, cuando se comprueba que tanto en Secundaria como en  UTU,   faltan muchísimo  los profesores. En promedio  faltan 26 días y en Primaria, se ausentan por 21 jornadas.   De esa manera, dejan de  asistir  uno de cada siete días. Es así como la educación pública uruguaya se reduce a 180 días, en el mejor de los casos. Ya se había detectado en las últimas pruebas PISA, que el ausentismo docente era el  primer factor que perjudica el aprendizaje del alumnado. Las causales son varias: estrés, reuniones que coinciden con horas de clases, lactancia o problemas de salud de familiares. Todo esto en el marco en una naturalización que no solamente proviene de los centros educativos, sino de los propios estudiantes que se acostumbran a que falten sus profesores. Todo esto,  suma para el fracaso,  por ello urge  encarar y disponer soluciones para que este tipo de situaciones no se sigan dando como hasta ahora, en forma casi normal.

 

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