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| El Columnista

Corresponsalía extranjera sobre economía de Uruguay

Una cascada de datos económicos negativos hace temer el final de 16 años de crecimiento ininterrumpido en Uruguay, uno de los principales logros de los tres gobiernos sucesivos del izquierdista Frente Amplio. En pleno año electoral, el alcance y las consecuencias de este patrón son temas de controversia y también una fuente de angustia para los propios uruguayos, que siempre temen verse arrastrados por las crisis de Argentina y Brasil.

Los datos oficiales son inapelables: en 2018 la economía uruguaya creció menos de lo previsto (1,9%, frente al 2,7% de 2017, según la Cepal) y el arranque de 2019 es poco halagüeño (1,5%). A la caída de la inversión y de las exportaciones, se suma un peligroso aumento del déficit público y del endeudamiento. Destacados economistas señalan como causas la mala coyuntura regional y errores que una economía pequeña paga caro, como la subida del gasto público y la falta de impulso reformista. Desde el Gobierno, se reconoce la necesidad de contener el gasto, pero se considera que las inversiones en infraestructuras y una cosecha de soja que se anuncia excelente lograrán salvar el año.

Las devaluaciones en Brasil y Argentina han puesto bajo presión los precios y han puesto a Uruguay ante una desventaja competitiva.

Desde hace años los expertos consideran que el país rioplatense no es viable sino se transforma en una plataforma logística regional y en un prestador de servicios de calidad.

El pasado 23 de marzo, visitó Uruguay el viceprimer ministro de China, Hu Chunhua, uno de los hombres más poderosos del planeta: la noticia pasó desapercibida en los grandes medios y fue consignada en un triste comunicado oficial. Sin embargo, Uruguay se ha convertido en el primer país de Mercosur que se suma a la nueva Ruta de la Seda china, iniciativa mundial con la que el gigante asiático quiere asegurar su seguridad comercial y alimentaria. Además, China planea instalar en Uruguay su base logística de pesca en el Atlántico Sur.

Uruguay despierta interés, pero lo cierto es que la base de la prosperidad del país sigue siendo el campo, y concretamente las exportaciones de soja a China. La fábrica de envases ATMA tiene buenas expectativas con la cosecha de este año (que se anuncia histórica), ya que vende también contenedores para agroquímicos. Y lo mismo le pasa al Gobierno uruguayo: sólo la cosecha puede arreglar el balance de 2019 y sumar 17 años a la racha de expansión económica del país.

(Magdalena Martínez para Diario El País de Madrid) 

 

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