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Robótica, empleo y perspectiva hoy

El tema del desempleo es una aguja que nos mueve a todos. El Uruguay viene experimento una lenta pero incesante baja en el nivel de empleo que comienza a preocupar. Hay varios trasfondos que influyen. Uno la tecnología, o la robotización. Lugares donde antes había una persona ahora hay una máquina. Superficies comerciales enormes que achatan a los comercios medios, industrian que cambian máquinas o robots por personas, mayor productivas concentrada en un solo obrero, lo que hace que aquel que por ejemplos e contrataba parcialmente cuando crecía la demanda, o en tiempos de zafra, hoy no sea necesario.

Una nota de José Luis Curbelo en El Observador arroja luz sobre este tema.

Explica que cuando se habla de crecimiento económico, se tiende a pensar ineludiblemente en la evolución del Producto Interno Bruto (PIB), el cual ha aumentado ininterrumpidamente, con mayor o menor dinamismo, desde 2003. Lo anterior es incontrastable en términos macroeconómicos, pero muchas veces conduce a percepciones equívocas si se intenta tomar este indicador como reflejo de la situación individual de cada uno de los agentes económicos de un país.

En particular, los indicadores del mercado de trabajo suelen arrojar mayor certeza sobre los asuntos que más preocupan al consumidor promedio de este tipo de noticias, quien basa sus expectativas en los diferentes guarismos que, a diario, lo ayudan a tomar una multiplicidad de decisiones económicas. Para tener un panorama general de la situación laboral en Uruguay, basta con decir que el desempleo en 2018 cerró el año con un promedio superior al 8%, el cual, si bien no es comparable con cifras postcrisis, sí representa el más alto en una década (debemos remontarnos a 2007 para encontrar un resultado mayor). Las alarmas son más notables si se tiene en cuenta que dicha tasa se incrementó en 2018 por quinto año consecutivo (agregamos nosotros: es que mucha gente, a la hora de decidir una inversión, por ejemplo comprar un terreno, pintar la casa, cambiar el auto, irse de vacaciones, comprar motos para los hijos, analiza los ingresos del hogar, y si por ejemplo hay problemas y uno de los mismos perdió el trabajo o se le achicaron los ingresos, termina dejando "para más adelante" la decisión lo que empieza a restarle movimientos a la economía).

Asimismo, es singularmente inquietante el hecho de que el 26% de los jóvenes menores de 25 años se encuentran desocupados. Este porcentaje no ha parado de crecer desde 2011, cuando ascendía al 18%, lo que quiere decir que se ha sufrido un deterioro del 8% en poco más de un lustro, en el cual el crecimiento económico no se interrumpió.

Desde el pico de ocupación que se experimentó en 2014, se han perdido más de 45 mil puestos, algo que tiene origen en una desocupación creciente y una población económicamente activa en franco retroceso, lo que quiere decir que, además, son muchos los uruguayos que se han retirado del mercado de trabajo. Particularmente, es preocupante la cantidad de obreros que se han perdido en el sector de la industria manufacturera, donde se registra una caída de más de 25 mil trabajadores desde 2014, que indica que el 55% del descenso en la ocupación pertenece a un sector cada vez menos pujante en un contexto de baja competitividad regional y una rentabilidad que también atraviesa una situación compleja a partir de altos costos de producción. El sector primario, con su importante peso en el PIB de nuestro país, exhibe la segunda cifra más alarmante, con más de 16 mil puestos perdidos. Comercio y Servicios, el sector que más emplea en Uruguay, no ha corrido una suerte distinta y exhibe una caída de 3.600 puestos.

En relación a lo anterior, es importante señalar que el fenómeno de la tecnología y la robótica asociado a la sustitución de mano de obra va en principal detrimento de aquella que cuenta con un bajo grado de calificación, sobre todo en un mercado de trabajo altamente rígido, como señalan distintos indicadores de competitividad; en un futuro próximo, es sustancialmente más factible que sean sustituidas las tareas eminentemente físicas que aquellas vinculadas con el ámbito cognitivo, las cuales, al no ser tan rutinarias y requerir calificaciones superiores, se inmunizan relativamente ante la ola creciente de sofisticación en el ámbito laboral.

 

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