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| Editorial

La patria se hizo a caballo…

Seguramente el lector debe haber  leído, escuchado,  muchísimas veces, aquello de que “La Patria se hizo a caballo”.  Lo cierto es que el noble bruto, ha acompañado al  hombre desde prácticamente los inicios de la civilización y ha sido una herramientas que mucho a aportado y que es reconocida, apreciada y  hasta si se quiere amada por quienes trabajan en el campo.  Nuestros próceres,  desde Artigas, Rivera, Lavalleja  y muchos más, bien uso hicieron  de los equinos para  luchar por la  fundación,  independencia y desarrollo de nuestra patria.

Desde esas heroicas épocas,  al presente, el caballo es un elemento  indispensable en la vida y  trabajo  campero.  Hoy,  sufren la competencia y  creciente popularidad de las motos  que como nunca antes se las ve yendo y viniendo por nuestros caminos y rutas.  Pero pese a ese  elemento impuestos por el avance tecnológico y el consumismo creciente,  el caballo, sigue  siendo  indispensable e insustituible en las tareas de todo emprendimiento y actividad campera.

Para esa utilización laboral,  como se podría definir su  razón de ser en el campo, el caballo debe ser  domado, porque en estado salvaje y libre,  solo correría  por la semi llanura que  territorialmente es nuestra patria.

Claro, que una cosa es que el noble  equino,  sea domado para trabajar y otra cosa – muy cercana por cierto - es que sea utilizado  para las jineteadas, pruebas de destreza a la que son tan afines nuestros gauchos y paisanos de  “ nuestra campaña” como  entretenimiento y parte del ser gauchesco y de un espectáculo netamente criollo. Algo, que salvo una  parcial óptica citadina, proteccionista   critica y  de una minoría montevideana, por otro lado por su origen,  tiene  un gran  gancho y atractivo para cientos de miles  de personas  que viven en  Montevideo y que año a año, concurren a presenciar  y disfrutar esa propuesta de espectáculo gauchesco  que se desarrolla  bajo el titulo de “criollas”  tanto en el  escenario hípico del  Prado  capitalino,  como las que se desarrollan en el  Parque Roosvelt camino al  Aeropuerto de Carrasco. Eso habla de que hay mucha gente que gusta y disfruta de ese espectáculo  que no vacilamos en calificar  indiscutiblemente de  tradicional  de la mano de nuestros gauchos y paisanos, de piel ruda y curtida por el trabajo en el campo, bajo la bonanza o crudeza del clima.  Aquí en nuestro Salto, la tradición esta viva y presente en las numerosas aparcerías que  idolatran al caballo y la vida en el campo. Que tiene sus actividades y buena concurrencia en el Parque Indígena, en Valentín y en otras localidades, donde en esas acciones tradicionalistas de la gente de campo, se disputan cuatreras, pruebas  de destreza  que van desde domas a pruebas rienda, montando en basto, pelo, etc.

Propuesta de fiesta gaucha, que a lo largo de  cada año, se desarrollan en cada uno de los 19 departamentos del país, ya en sus capitales departamentales como en sus capitales, pueblos y centros poblados. Porque es algo que esta profundamente instalado en  las tradiciones y actividades del campo y sus fiestas.

También hay gente que tiene caballos de carreras que son de costoso mantenimiento y que genera una movida laboral importante en los studs donde se les hospeda, alimenta y entrena. También están los que  se usan en las canchas, de los  predios donde se prepara y queman ladrillos para la construcción, siendo parte de la cadena para pequeños emprendimientos de entrega.  Lo vemos  a diario aquí en nuestro Salto. También  hay gente que los usa como medio de  transporte y acarreo de su familia. Ni que decir, que en toda  estancia, chacra y hasta  en parcela de reducida explotación casi siempre hay un equino,  que puede servir  para alguna tarea o simplemente como elemento de recreo y paseo de los mayores y niños de las familias propietarias o usuarias de esos espacios. Pero, lejos esta el equino de ser una mascota , pero es también muy cierto y real que es un animal protegido por leyes, que prevé castigos  para aquellos que los maltratan y utilizan mas allá de sus reales  fuerzas  y posibilidades. En concreto, entre maltrato  repudiables y las jineteadas , ahora blanco de la onda prohibicionista  y cuestionamientos  tan de moda,   creemos que nos  estamos desviando de lo lógico  y razonable, porque  todo apunta a la práctica del grito y la pasión  que de positivo y bueno nada tienen.  No se puede dejar de considerar, evaluar y valorar que la relación del caballo con el hombre es de trabajo, de deporte y de compañerismo. Por lo que concluyó parece  realmente trasnochado, esto de apuntar a prohibir las criollas o jineteadas, porque sería apuntar a matar a mucho de lo  que es tan caro  y tradicional para la gente del campo, si solo nos guiamos por la óptica de unos pocos pero que hacen mucho ruido…

 

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