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| Editorial

¡Subir impuestos es una traición a la patria!

Ya se había encendido una luz de alarma cuando dos candidatos del oficialismo habían declarado la posibilidad de un nuevo aumento de impuestos en el país. Primero fue Oscar Andrade que dijo que todavía  había margen para aumentar la presión fiscal para los ciudadanos y empresas más ricas de la sociedad. 

Segundo fue Daniel Martínez que no negó enfáticamente la posibilidad de recurrir a un aumento impositivo, lo que le generó un debate polémico con el candidato nacionalista Luis Lacalle Pou. Andrade puede decir cualquier cosa porque va a perder y cuanto más lejos la posibilidad de ganar,  proporcionalmente más grandes  las barbaridades que dice. Más preocupante es Martínez que será el candidato a presidente del Frente Amplio y nuevamente se enfrenta el país a una estafa electoral, como en el pasado reciente cuando el partido de gobierno había asegurado que no aumentaría los impuestos y fue precisamente lo que hizo, violando rotundamente la promesa anterior. Frente a un déficit fiscal récord en la historia nacional, cerca del 5 % del PBI, largamente más de U$S 2000 millones, es más fácil y  rápido aumentar los impuestos que bajar los gastos. Así de sencillo, y ciertamente que Martínez y el oficialismo no son propensos a ser austeros, sino todo lo contrario, ergo, muy probablemente no resistirán la tentación de aumentar la presión tributaria.

Pero ahora se sumaron a la previsión inevitable dos reconocidos economistas, el Cr. Daniel Ferrere y el Ec. Fernando de Haedo, incluso este último vinculado muy estrechamente con el Partido de la Gente de Edgardo Novick. Se despacharon con la novedad y licencia académica que el próximo gobierno, cualquiera que fuera su signo, no tendría más remedio que aumentar los impuestos para conseguir más recursos genuinos y ayudar a paliar el déficit fiscal monstruoso. De Haedo fue más aventurado y sugirió agarrarse del Impuesto al Valor Agregado (IVA) que era el más fácil y de mayor monto a recaudar. Cada punto del IVA debe significar U$S 100 millones anuales por lo que ni no hubiera evasión alguna y un pago total del impuesto, no es difícil imaginarse que de 22% promedio que están afectados la mayoría de los productos y servicios nacionales, el tributo aumentaría a no menos del 25 por ciento. Una locura mundial, seguramente el IVA más alto del mundo. De Haedo se atajó al decir que el aumento sería provisorio y hasta tanto se realizara la ingeniería para disminuir gastos, una operación lenta y compleja; asimismo que el país recompusiera la actividad económica y aumentará la recaudación impositiva por mayor volumen de actividad y exportaciones; además que mejorar al máximo los mecanismos de formalización de la economía. Ferrere, en la misma línea dijo que ningún gobierno se atrevería a la implementación de un programa de ajuste severo de la economía, la famosa motosierra de Lacalle, por lo que resulta inevitable la suba impositiva. Una cosa o la otra. Mencionaron ambos economistas el ejemplo argentino que las medias tintas no conducían a nada; por no aplicar los ajustes a profundidad sino parcial y gradualmente, luego de cuatro años de Macri, del que se esperaba la recuperación económica genuina, están igual o peor que antes en términos económicos-financieros.

Ninguno de los candidatos de la oposición ha manifestado su intención de aumentar impuestos. Todo lo contrario, han hablado de bajarlos sustancialmente, además de cumplir un programa de eficiencia, prioridad y austeridad en el millonario gasto corriente. Han hablado hasta un monto cercano a los U$S 1000 millones, y ello significaría, sin afectar subsidios y beneficios sociales mayormente, un paquete de medidas que va desde eliminar programas y direcciones, disminuir los costos fijos, bajar las contrataciones del estado y deshacerse de lo superfluo y extravagante del presupuesto quinquenal.  Y tendrá implicancias y mal humores sociales, pero no hay más remedio. Y esto al mismo tiempo de bajar los impuestos, es decir disponer de menores recursos para financiar la marcha del estado; los impuestos encubiertos y distorsivos de tarifas públicas y combustibles, eventualmente la rebaja del propio IVA. Porque además la competitividad de la economía uruguaya depende de estas medidas, para reactivarse, volver a generar empleos y recursos adicionales a la cuenta corriente nacional. De lo contrario, nada vendrá de la estructura instalada y ociosa sino más y peores noticias, de caída de la inversión, aumento del desempleo y cierre de empresas con mucha mano de obra.

¡Está bien! puede esperarse que la baja de impuestos sea un slogan de campaña que podrá esperar un tiempo prudente para concretarse, hasta tanto se acomoden los zapallos en el camión, pero de ahí a subirlos es mucho trecho, inaceptable y absolutamente inconveniente a todos los efectos, sin decir una traición explicita a la ciudadanía de todos los actores políticos en curso, oficialistas y opositores por igual.

Dos puntos finales. Sobre la capacidad efectiva de recaudación de un impuesto tan gravoso, es posible un aumento de la informalidad y el mercado negro; de manera que puede ser peor el remedio que la enfermedad. Por otro lado la famosa mentira piadosa de los políticos, los impuestos provisorios que quedan para siempre. Por lo que fuera, los que llegaron por un tiempo se quedan para siempre…

 

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