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¿Es posible la reinserción del preso?

El Uruguay tiene once mil presos. Un disparate. Y todos somos concientes de que hay que mejorar los niveles de convivencia, en el Uruguay y también en Salto. Pero a veces nos preguntamos qué vamos a hacer para reinsertar, qué vamos a alcanzar por estos caminos.

El debate incluso salpica la actividad política, y si bien hay críticas, también hay consensos que el tema no es fácil, sino ya se hubiera solucionado, con este partido, con el anterior o con lo que sea. Nadie quiere vivir enrejado y lleno de alarmas y mirando por cámaras cada movimiento de la familia, el comercio, el establecimiento o la empresa.

La reinserción y reeducación es un proceso sistemático de acciones que se inician en el momento que una persona ingresa en el centro penitenciario, continúa durante el cumplimiento de la pena y prosigue cuando la persona retorna a la situación de libertad.

Los programas de reinserción social incluye en sí, proyectos de reeducación y mejora a nivel psicosocial, educacional y laboral; es decir, los programas de intervención tiene como fin, modificar o mejorar la conducta humana de cada uno de los internos, para que en un futuro no vuelvan a delinquir. Por ello, se plantea la pregunta, ¿es posible la reinserción y la reeducación de los internos en loscentros penitenciarios? La respuesta a esta pregunta dependería en gran parte de lasexperiencias cercanas, creencias o valores personales de cada uno, pero desde un punto de vistapsicosocial hoy en día, podemos hablar de la existencia de la posibilidad de que una personaque ha delinquido pueda cambiar su conducta. Este cambio de conciencia social se produjo apartir de los años 90 respecto, algo más esperanzador respecto al concepto de reinserción social,gracias al avance de la ciencia, la evidencia y la conciencia de las personas, parece ir cambiandoesa caótica idea negativista que existía sobre la imposibilidad de reinserción y reeducación(rehabilitación social), donde ningún método funcionaba con aquellos que habían sidoinfractores de ley, y cumplían condena.

La población reclusa normalmente repite un patrón de personalidad caracterizado por alta impulsividad, alta búsqueda de sensaciones y baja empatía, parece estar latente en multitud de comportamientos antisociales y antijurídicos han demostrado que baja impulsividad y baja dureza emocional pueden ser considerados factores de protección de la conducta delictiva. Estas características delictivas vienen dadas por la educación recibida en centros penitenciarios como también  a patrones de comportamientos adquiridos en su herencia ambiental o familiar, o debido a situaciones como desestructuración familiar o carencias de recursos, tanto a nivel emocional, falta de afectividad o empatía, como falta de recursos económicos que les llevan a la comisión de delitos.

Bien pues, una vez cometido el delito, y el individuo ingresado ya en prisión éste procederá a la adaptación a un medio hostil, donde según el tiempo de condena permanecerá alejado de familiares y amigos, por lo que las emociones y la afectividad del recluso se basa generalmente en características psicosociales comunes a la mayoría de la población penitenciaria. Las características más destacables son:

Toxicomanía: normalmente la población penitenciaria presenta problemas de adicción a sustancias. Así mismo se encuentran diferencias importantes en la conducta penitenciaria bajo los efectos de la sustancia. Los consumos de cocaína en prisión aumentan la agresividad y la violencia.

Egocentrismo: definimos el egocentrismo como la impermeabilidad a las influencias externas. Encontramos en general un patrón de personalidad que caracteriza a la población penitenciaria: el egocentrismo. Este rasgo dificulta al sujeto en su relación, ya que presenta una marcada tendencia a sentirse el centro en cualquier relación, lo que impide que perciba cualquier tipo de influencia proveniente del exterior. A su vez la elevada tensión del ambiente, con frecuencia dará lugar a que la persona tienda a proteger su propio yo, lo que le lleva a una exageración del egocentrismo. Todo se ve en función del propio interés lo que dificulta el que la persona pueda establecer relaciones solidarias con sus propios compañeros.

Tensión: aparece un sentimiento de tensión constante debido a la hostilidad del propio ambiente y a la percepción de impredecibilidad y falta de control del medio externo al sujeto. La población penitenciaria refiere: “tienes que aguantar mucho”, “resignación, no encuentras justicia, hay cosas que no están bien”. Esta tensión constante facilita la aparición de trastornos psicosomáticos.

 

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