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| Opinión

El desincentivo para optar por la profesión docente

La calidad docente debe pasar necesariamente por lo salarial. Por múltiples aspectos. La retribución es un atractivo en sí, es lógico y se asume. Pero también es un diferenciador frente a otras profesiones de similar formación.

O sea que un maestro o un profesor pasan cuatro o cinco años estudiantes, en tanto un técnico equis también pueden hacerlo, pero a la hora de las retribuciones tienen dualidades lo que hace que se opte más por una formación que por la otra.

Y acá va la Universidad pero también va la formación técnica de UTU, pues hay muchos obreros especializados o técnicos que ganan muy bien, por encima de muchas profesiones, pues la actividad que realizan no se consigue en todos lados.

La variable salario es analizada en el informe presentado recientemente por el Instituto Nacional de Evaluación Educativa y aporta datos muy importantes para la actualidad y para un futuro próximo donde hay que tomar decisiones. Ya que vivimos un tiempos político justamente de toma de decisiones, primero la ciudadanía y luego quienes resulten vencedores pues tienen que comandar entre otras cosas las orientaciones de las políticas educativa con todo lo que ello implica para formar a las futuras generaciones de orientales y para reciclar el conocimiento actual, algo más que importante pues la mayoría de los expertos señala que estamos ante un auge de las nuevas tecnologías y que muchos de los trabajos de hoy desaparecerán en breve, por lo tanto saber para qué nos formamos es clave y ayuda a desentrañar qué conocimiento técnico le daremos a los que se forman y a los que ya están formados. Pues hay que reciclar mucho del conocimiento.

En el informe se analiza la evolución del salario de los docentes de educación pública no terciaria entre los años 1904 y 2014, y se compara su trayectoria y situación relativa con el de otras profesiones. Los datos analizados reflejan que, al menos desde la mitad del siglo XX, la asignación de recursos para mantener las condiciones salariales docentes no ha estado entre los objetivos centrales de las decisiones de gasto, al menos de manera sostenida.

Aunque durante las primeras décadas del siglo XX el salario de los profesores de secundaria estuvo muy por encima del resto de las remuneraciones docentes, los salarios docentes han estado por debajo de los de otras profesiones desde los inicios del siglo XX hasta la primera década del presente siglo.

El deterioro más reciente comenzó a partir de la década de 1970, cuando la brecha a favor del salario docente prácticamente desapareció en las tres ramas de la educación, y desde entonces se ubicó entre 0,5 y 0,6 del PIB per cápita. Desde la segunda mitad de esta década el crecimiento de las remuneraciones en otras profesiones, unida a la contracción de las docentes, amplió considerablemente las diferencias a favor de las primeras.

A partir de 1980 el recorte de salarios públicos llegaría a todas las dependencias, aunque la velocidad de caída fue mayor para los de la educación. En consecuencia, las brechas a favor de los salarios de funcionarios públicos con otras profesiones permanecieron en el orden de 3 a 2,5 veces hasta 1985.

A pesar del importante esfuerzo fiscal que promovió el aumento de los salarios de los docentes del sector público a partir de 2005, estos se continúan ubicando por debajo de los de las otras profesiones elegidas.

La información muestra un fuerte énfasis al desincentivo de optar por esta profesión. Se observa así un importantísimo desafío para la política educativa relativo al fortalecimiento de la formación docente, ya que este no puede pensarse aislado de estrategias que promuevan la revalorización social de la profesión, entre ellas, el incremento salarial.

 

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