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| Editorial

Campañas de cucos y miedos que a nada llevan

Por ende lo de analizar y discutir es una consecuencia  y  sino se hace, las propuestas, las ideas, se enquistan.

Por lo tanto, lo de  las consignas políticas, es una manera de encerrase, ponerse anteojeras y fanatizarse, lo que no es bueno. Pero en el mundo de los intereses y especulaciones de los políticos y sus partidos, lo que importan son los votos.

Pero, la vida partidaria y de especulación política,  en realidad, salvo en tiempos electorales como al presente, no es lo que ocupa y preocupa en forma permanente a la mayoría de los ciudadanos.  Es cierto que al presente estamos todos sumergidos en el tema electoral, máxime, cuando estamos a días nada más del balotaje definitorio y nadie puede escapar a estar pendiente de lo que dice uno y otro candidato y los que auguran las encuestas.

Pero todo este fanatismo, expresado principalmente en el boca a boca de los partidarios militantes de una y otra fórmula presidencial, tras el próximo domingo, durará unos pocos días más. Entre las celebraciones de unos y los lamentos de otros, la realidad, es que el país, seguirá adelante e inevitablemente todo se normalizará.

No debemos perder de vista, que la vida sigue, por lo que retornaremos a la rutina diaria, con las obligaciones laborales, las necesidades a atender y los compromisos que todos tenemos, todo lo que sin dudas, pasará a  ocupar toda nuestra atención.

Porque mas allá de los entornos de algunos partidos y sectores políticos, que siempre especulan con seguir ubicándose bajo el paraguas de la porción de poder que lograron, ya con un cargo de confianza o con un premio consuelo en las empresas estatales, el resto, tiene muy en claro que si no trabaja, se esfuerza y la lucha, nadie vendrá a cubrirle y solucionarles los problemas de su simple y diario vivir.

Cuando todo esto culmine, esperemos que aquello de “rosadito”, “facho” o “foca” quede en el olvido y sea enterrado, como debe ser, porque todos estamos en el mismo bote y remarla para navegar seguros por un mejor país, lo que requiere del trabajo y aporte de todos.

Lo otro es seguir ahondando una división, una “brecha”  alimentada con insultos y descalificaciones que a nada conducen, salvo dinamizar y mantener un indeseable clima tóxico innecesario. Tradicionalmente el uruguayo medio, es una persona paciente, tolerante y respetuosa. Los que actúan como patoteros y barrabrava, son una minoría. Hacen mucho ruido, es cierto y algún distraído en algún momento se les puede plegar  llevados por el  fanatismo por una bandera o  propuesta política que le genera pasión.

Pero, ojo, ese fanatismo no solo es indeseable, es peligroso. Porque  divide familias, termina con amistades cultivadas durante años. Y eso no es política real, es la anti política porque nada positivo produce.

Sin duda, si hay algo que combatir y eliminar en nuestra sociedad, es esa tendencia al ninguneo, descalificación de quien no comparte o no piensa como nosotros.

Una actitud realmente fascista, inaceptable. Porque con esas conductas, no se construye  una sociedad,  más bien se la destruye para instalar un pensamiento único, en realidad un sistema totalitario y  que lleva inevitablemente a  una situación de indeseable dictadura. Algo que vivimos durante once oscuros años y que nadie desea.

La política, bien gestionada, es respetuosa  de si y de la sociedad en que se desarrolla. Es la única forma, de hacer posible lo imposible y de superar estas divisiones,  trabajando para impedir que esta grieta del presente, se convierta en la formación de un abismo, de donde si caemos, será  difícil, salir.

 

 

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