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No es una tragedia ni una estafa

Es un hecho que los argentinos han venido en menor medida a disfrutar de la costa uruguaya, fundamentalmente Punta del Este, Piriapolis y La Paloma. Por más descuentos y beneficios para los tradicionales clientes la devaluación de la vecina orilla y la propia situación económica hace que sean preferidas las opciones de turismo interno en Argentina. Además, la temporada pasada 2017-2018 había sido récord en presencia de turistas vecinos, por lo que volver a cifras menores en 2018-2019 no es una tragedia necesariamente.

Era previsible, esperable -por más acciones que se llevaran a cabo- que los números fueran inferiores, más destacable el turismo interno, e incluso una mayor presencia de brasileros. Sin embargo se ha desatado la polémica: unos que dicen que la zafra es baja y otros niegan la situación, le atribuyen intencionalidad política a las declaraciones de crisis y piden tiempo para precisas y valederas evaluaciones. Ahora ha circulado de fuentes turísticas que la baja rondaría el 30 por ciento respecto al año pasado y que las perspectivas para lo que queda de enero y febrero no son buenas. ¡Chocolate por la noticia!

El éxito de público argentino en 2019 fue apabullante, pero tanto éxito lleva inevitablemente al fracaso, no se puede maltratar el destino con tanto desgaste de turismo masivo. No es aconsejable desde el punto de vista técnico los cientos de miles de personas, concentrados en la temporada estival y en la costa uruguaya. Decididamente más es menos y se paga en el mediano plazo. El espacio no alcanza, el equipamiento es insuficiente, los servicios colapsan, la calidad disminuye y la depredación aumenta.

Los ciudadanos del litoral uruguayo-argentino están más al tanto de la situación argentina de todos los días. A través de los medios de comunicación saben lo que pasa del otro lado del Plata, de Buenos Aires a Tierra del Fuego. El verano del 2018 el dólar costaba 17 pesos argentinos y hoy vale $37, más del doble. La inflación por encima del 40 por ciento, la pobreza en el 30 por ciento, la actividad económica estancada, el valor del salario en baja y el mal humor social por las nubes. Todos sabían por estos lares, que con semejante situación, iban a ser pocos los argentinos que cruzaran el charco para sus adoradas vacaciones uruguayas, incluso lo hicieron muchos de acuerdo a las circunstancias. Si se manejaran los números con tranquilidad es posible descubrir que con el descenso “natural” de este año, menos el plus del año extraordinario del pasado, los números de la temporada todavía se mantengan en altas posiciones, comparado con la tendencia de los últimos años.

Dicho lo anterior, con  los pesos uruguayos y argentinos más o menos equiparados, los precios veraniegos, de playa, de la península,  de los paradores y shoppings de moda, son aproximadamente los mismos y los de siempre…normales para los veraneantes y carísimos para los trabajadores que lo miran por televisión, con la ñata contra el vidrio. Hay mucha cháchara al respecto y siempre pasa lo mismo. No es la primera vez que existen estentóreas denuncias, muchas veces descontexualizadas, con los precios en tal lado u otro. Se muestran las facturas por las redes, lo que cuesta un café con medialunas en una confitería céntrica o un almuerzo en un restorán afamado.

Primero y principal. Un almuerzo para dos personas en unos de los mejores restoranes del mundo regenteado por Francis Mallmann por U$S 600 es algo perfectamente lógico, entendible y a esta altura viejo de relatar. Incluso desde algún punto de vista barato, a U$S 300 por persona, recorran los gastronómicos top del mundo y comprueben lo que se paga, aunque fueran las muy caseras milanesas. Aún con su alto costo, el comercio es de larga data, no es un emprendimiento golondrina, tiene selecta clientela y abultados precios tradicionalmente. No es la primera vez que se apela al ejemplo de Malmann para hablar de los precios de la costa, no es el común denominador y se trata de un caso especialísimo. Si quieren más sencillo y barato coman en la ciudad de Maldonado, serán más de quince comensales por el precio señalado solo para dos.

Segundo y para terminar. Todo es más caro y a veces mucho más caro en la costa atlántica, y en especial en uno de los balnearios más importantes de Latinoamérica. Son carísimos (y en dólares) los alquileres de locales, son altísimos los salarios zafrales de la plantilla de trabajadores, son prohibitivos los insumos para los productos o servicios que se ofrecen en el mercado, son confiscatorios los impuestos nacionales y departamentales que se cobran, son violentas las fiscalizaciones de la DGI y el BPS contra la informalidad y la evasión. ¿Y todavía hay quienes quieren bueno, lindo y barato?

 

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