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Nuestra primera independencia

bandera guayabosPor Leonardo Vinci
Tras el espectacular triunfo de Rivera en Arerunguá, un día como hoy en 1815, fuimos libres por primera vez.
Esa es nuestra verdadera historia, poco contada, oculta o tergiversada.

Sobre el tema,- en tiempos recientes,- dijimos: “Sin pena ni gloria. En silencio. Clandestinamente. Sin que el Gobierno lo celebrara con realce. Así transcurrió este diez de enero. Fecha patria de singular importancia. Los nuevos "descubridores de nuestra historia" con malicia y mezquindad sin igual tratan de ignorar al glorioso vencedor de Guayabos, el General Fructuoso Rivera. Gracias a él, los orientales entraron a Montevideo y todos los porteños abandonaron la Provincia. Nunca ni antes ni después Artigas tuvo tanto predicamento en la Banda Oriental.”

Pocos días después de esos hechos, el General José Artigas, en su cuartel, el 13 de enero de 1815, le escribe feliz a Baltasar Ojeda y le dice “… ¡victoria, victoria, victoria!”. Enarboló e hizo jurar por sus soldados una bandera tricolor, disponiendo que la misma se levantara en los demás Pueblos Libres.”

“Como un fragmento oculto de nuestra historia queda el ofrecimiento de Alvear de asegurarle la plena independencia al Uruguay. No seré yo quien juzgue la decisión del Prócer. Pero los hechos objetivos e irrefutables demuestran que eso fue lo que logramos en 1828 tras la espectacular victoria de Rivera en Rincón y la toma de las Misiones.

¡Cuánto se le debe a Don Frutos! Vilipendiado e injuriado infamemente por cobardes que han propagado su "leyenda negra" tal como los escribas que en su momento se ocuparon de Artigas.

Sin embargo, una de nuestras plumas más insignes,- la de José Enrique Rodó,- escribió en El Mirador de Próspero “… me detendré a señalaros (… una de las) manifestaciones de su múltiple gloria (y) el prestigio de su magnífica generosidad. No cae sobre la memoria del general Rivera una gota de sangre que no haya sido vertida en el campo abierto de la lucha. De todos los caudillos del Río de la Plata, contando lo mismo los que le precedieron que los que vinieron después de él, Rivera fue el más humano: quizá, en gran parte, porque fue el más inteligente. En lid con enemigos desalmados y bárbaros, nunca fue capaz de una represalia cruel. Aquel inmenso corazón belicoso era un inmenso corazón bondadoso. Había para él una satisfacción aún más alta que el goce de vencer, y era el goce de perdonar.”

Aunque se celebra un 25 de agosto, nuestra verdadera independencia no data de esa fecha, cuando en 1825 la Provincia, en un rancho de paja y terrón junto a la Iglesia de la Florida se declaró “libre e independiente del Rey de Portugal, del Emperador del Brasil, y de cualquiera otro del universo…”, ya que también se dispuso “... Queda la Provincia Oriental del Río de la Plata unida a las demás de este nombre en el territorio de Sud América, por ser libre y espontánea voluntad de los pueblos que la componen, manifestada con testimonios irrefragables y esfuerzos heroicos desde el primer período de la regeneración política de dichas provincias.”

No pretendo llegar a los extremos del historiador Guillermo Vázquez Franco, quien escribió el libro “La Historia prohibida”, y ha dicho: “Se inventó que esa fecha, que es la de la reunificación de la provincia a la patria, es la fecha que llaman de Independencia. Históricamente eso no es así. Es un invento. Quedó la mentira institucionalizada en el almanaque”.

Lo cierto es que  nuestra Patria fue realmente independiente el 10 de enero de 1815.

Gozó de ese privilegio, gracias a la gesta emancipadora artiguista y al heroísmo y la inteligencia del General Fructuoso Rivera en Guayabos, pero esta primera independencia nos fue arrebatada, a pesar de las heroicas y desiguales luchas sostenidas contra los ejércitos portugueses.

La extraordinaria poetisa Delmira Agustini ha hecho justicia escribiendo sobre Don Frutos:

“El albo cisne de imperial figura, Surca el pantano de inmundicias lleno, ¡Mas no se enturbia su sin par blancura, Que Dios ha hecho inexpugnable al cieno! Así es tu nombre sin igual Rivera, mientras viva su patria él vivirá, ¡Y aunque haya alguno que enturbiarle quiera, Nunca su brillo amortiguar podrá!

 

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