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¡Con Bolsonaro vá, con Maduro manda representante!

Jair Bolsonaro el ultraderechista, racista, misógino y xenófobo era lo peor que le podía pasar a Brasil, además frente al perseguido Lula preso por la justicia en una cárcel de Curitiba. Dicho por los principales dirigentes frenteamplistas del Uruguay, entre ellos el ex presidente Mujica, el actual canciller Nin Noboa y el mandatario Tabaré Vázquez. Una cosa potenciaba la otra y gracias al internacionalismo progresista se puso en la pared de los acusados a quien a la postre se convirtió presidente del Brasil por amplio mayoría. Y así unos cuantos petistas queridos por el frenteamplismo vernáculo se fueron y otros tantos, a su vez odiados y estigmatizados, llegaron democrática y populosamente al poder.

¿Y qué pasó? Vázquez fue unos de los pocos presidentes del mundo que concurrió prestamente a la ceremonia de asunción de poderoso vecino, segundo socio comercial del Uruguay. Se le acabaron las banderas ideológicas y tal como su antecesor se fue a Brasilia a abrazarse con las serpientes de la política continental. No importaba que a instancias del nuevo gobierno se fuera a trasladar la embajada brasileña Jerusalén, la capital eterna de Israel. Tampoco que el nuevo aliado estratégico de Brasil, económica, política y militarmente, fuera Estados Unidos. Y mucho menos que ambos presidentes, Bolsonaro y Trump, se elogiaran y simpatizaran mutuamente. Ninguna barrera funcionó, tanto es así que el presidente Mauricio Macri, mucho más afín a su colega brasileño no concurrió, sin embargo, Tabaré Vázquez en las antípodas, pasó el fin de año y comienzos del otro, entre viajes y protocolos, para estar con su tan problemático como distante vecino norteño. Mucha crítica de la oposición sobre la falsedad e hipocresía de tal vista a Brasilia. Es cierto, cuando se es tan explícito sobre la calidad y condiciones (malísimas, retrogradas, fascistas…) de una persona, luego es sorprendente, la neutralidad del protocolo diplomático –seguido al pie de la letra- que consolida las premisas del tan mentado post-relato: todo muy bien pero marche preso;  es mi socio, hablé pestes de él, pero los negocios son negocios y por lo tanto, frente a vientos y mareas, en Brasilia estaré como un vecino educado y prolijo, haciendo sala y sonriendo con los oligarcas del mundo.

Con Venezuela es otra cosa. Hace tres gobiernos caribeños que coinciden con los nuestros, tenemos relaciones carnales con Chávez primero y Maduro después. Se ha defendió a capa y espada la revolución bolivariana, las posiciones autoritarias, antidemocráticas del general y el camionero. Se hicieron negocios de todo tipo, oficiales y privados con millones de dólares en juego y muchos perjudicados, tanto allá como acá. Las pérdidas, deudas y perjuicios son millonarias e incobrables, para unos cuantos, ganancias para unos poquitos. El Frente Amplio, las centrales sindicales, las autoridades de gobierno, viajan a Venezuela, se sacan fotos con los dictadores, hacen loas del régimen, lo defienden en todas partes, disimulan lo mejor posible las atrocidades cometidas, pasadas y actuales, ante la comunidad internacional.

¿Y qué paso? Ni Tabaré Vázquez ni el Canciller Nin Noboa participaron personalmente de la polémica asunción presidencial de Maduro en Caracas. ¡Si lo hizo el encargado de negocios en Venezuela, embajador José Luis Remedi! El único funcionario de rango existente en la actualidad, porque resulta que nuestra delegación ni embajador formal y designado tiene. Y todavía dicen que no están dadas las condiciones para el nombramiento de un nuevo representante diplomático.

Así que a Brasil con Jaír Bolsonaro, el monstruo, Vázquez va a la fiesta de toma de mando. Mientras tanto, a la de Nicolás Maduro, el mártir,  en Venezuela, le manda un empleado de segunda línea. No hay coherencia ninguna en ambas decisiones. Todas las miradas estaban puestas para el viaje a Brasilia y así lo hizo,  mientras tanto todas las miradas puestas para el viaje a Caracas y así no lo hizo; pero en los dos casos con enormes contradicciones y dificultades. Nunca se debió tomar partido por las elecciones brasileñas y juzgar al que se convertiría en presidente de la república, para luego ir a rendirle pleitesía. Tampoco debió aislarse de la comunidad internacional y americana respecto a la dictadura e ilegitimidad del régimen venezolano, y menos enviar un delegado oficial del estado; no fue en persona pero envió representante, no es mucho pero es igualmente terrible.

Mientras tanto todos desconcertados y calientes.

 

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