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| Héroes y villanos XII

El pacto de Boiso Lanza

Por Leonardo Vinci
Sintiéndose solo y acorralado, Bordaberry sucumbió en la base aérea y acordó con los golpistas:
1) Crear un Consejo de Seguridad Nacional (Cosena), encabezado por Bordaberry, cuya secretaría permanente ocuparía el jefe del Estado Mayor Conjunto (Esmaco), general Gregorio Alvarez. Desde ese organismo, inexistente en la Constitución de la República, las FFAA pasarían a cumplir un rol tutelar respecto al funcionamiento del gobierno, asegurando, según su lenguaje “dar seguridad para el desarrollo”, expresión utilizada en documentos militares, desde setiembre de 1971.

2) Habría dos nuevos ministros: en Defensa, el médico Walter Ravenna (electo senador por el pachequismo); en Interior, el coronel del Ejército, retirado y abogado, Nestor J. Bolentini, que en la dictadura siguió en ese cargo, ocupó la cartera de Trabajo y fue consejero de Estado. Los dos eran operadores de los sublevados, como quedó de manifiesto en los discursos que pronunciaron al asumir sus cargos.

3) Chiappe Posse, elegido por sus pares como jefe de operaciones, sería el nuevo comandante del Ejército.

4) El capitán de navío Conrado Olazabal, que se enfrentó a los constitucionalistas liderados por el contralmirante Juan J. Zorrilla, ocuparía el comando de la Armada.

5) Dos embajadores cuestionados por los mandos (Glauco Segovia en Francia y el general retirado César Borba en Perú), fueron desplazados. Los insurrectos también querían la cabeza de Legnani, que estaba en la misión uruguaya ante los Organismos Internacionales, en Ginebra. Bordaberry lo defendió, y se salvó en ese momento.

6) No prosperaron pedidos de desafuero que reclamaban los militares, como el de Wilson Ferreira, entre otros. Cuando le llegó su turno al senador Enrique Erro, pocos meses después, y el Parlamento se negó a respaldar el pedido de la Justicia Militar, fue la excusa para cerrar el Parlamento.

Un interesante artículo en la red dice que: “El 13 de febrero, Bordaberry salió a los medios a decir que en Boiso Lanza no había pasado nada anormal que se apartara del marco constitucional. Pocos le creyeron, aunque existía un fuerte desconcierto en la opinión pública por la sucesión de hechos vividos, y algunas formulaciones planteadas en dos de los comunicados castrenses (el 4 y el 7), llevaron a pensar que una corriente de la oficialidad sintonizaba con un programa de reformas de carácter nacional y antioligárquico, y con el proyecto político que las FFAA llevaban adelante desde 1968 en Perú. Se los conoció como los “peruanistas”, enfrentados a los “gorilas”, y dos de sus figuras referenciales fueron Alvarez y el coronel Ramón Trabal, jefe de la Inteligencia militar.

Indignados por los términos lesivos para la soberanía nacional de un convenio firmado entre el gobierno peruano de Fernando Belaunde, y la Internacional Petroleum Company, subsidiaria de la Standard Oil, los militares dieron un golpe de Estado el 3 de octubre de 1968, e iniciaron un ciclo de reformas estructurales fuertes: nacionalización del petróleo y de la banca, reforma agraria, desarrollo del cooperativismo. Su líder fue el general Juan Velasco Alvarado. Las FFAA peruanas no querían ni capitalismo ni socialismo; buscaban una nueva vía, y simpatizaban con la experiencia yugoslava.”

Las Instituciones democráticas habían sido heridas de muerte. Ahora se sumarán los civiles que traicionaron a la democracia uruguaya.

 

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