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Asesinatos tupamaros

columna VinciPor Leonardo Vinci
Aunque parezca irracional, hay quienes aún hoy justifican los asesinatos de los tupamaros un 14 de abril, cuando el MLN dijo actuar contra integrantes de un escuadrón de la muerte y con esa excusa, ametrallaron a sangre fría a cuatro personas. A las siete de la mañana, sin mediar palabra, mataron al sub comisario Oscar Delega y al agente Juan Carlos Leites, que viajaban en un automóvil a la altura de Rivera y Soca. En el vehículo quedaron cincuenta balazos.

Más tarde, otros subversivos acribillaron al capitán de corbeta Ernesto Moto en la ciudad de Las Piedras.

A media mañana Armando Acosta y Lara, ex ministro del Interior y ex interventor de Enseñanza Secundaria salía de su casa en el centro de Montevideo. Dos francotiradores le dispararon desde la ventana del primer piso de la Iglesia Evangélica Metodista que está frente a la residencia. Hirieron también a su esposa y a un custodio. Acosta y Lara murió antes de llegar al Hospital Militar.

Ese día, a las siete y media de la tarde se reunió la Asamblea General para tratar la solicitud del Poder Ejecutivo de declarar el Estado de Guerra Interno. La sesión empezó a las siete de la tarde y terminó varias horas más tarde aprobando el pedido del gobierno. No lo votaron los legisladores del Frente Amplio.

En pocos meses, las fuerzas conjuntas aniquilaron el aparato militar tupamaro.

Terminaba un convulsionado período de la historia nacional, pero se iniciaba otro en manos de un gobierno dictatorial.

Lo cierto es que los “revolucionarios” del MLN desoyeron los consejos del Che Guevara dichos en la Universidad en agosto de 1961: ustedes tienen algo que hay que cuidar, que es, precisamente, la posibilidad de expresar sus ideas; la posibilidad de avanzar por cauces democráticos hasta donde se pueda ir; la posibilidad, en fin, de ir creando esas condiciones que todos esperamos algún día se logren en América, para que podamos ser todos hermanos, para que no haya la explotación del hombre sin fin, ni siga la explotación del hombre por el hombre, ya que no en todos los casos sucederá lo mismo, sin derramar sangre, sin que se produzca nada de lo que se produjo en Cuba, que es que cuando se empieza el primer disparo, nunca se sabe cuándo será el último…”

 

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