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No es el primero ni será el último

Tantas idas y venidas  pero lo concreto es que el gobierno y el presidente Tabaré Vázquez sabían perfectamente el contenido de las actas del Tribunal de Honor a José Gavazzo y prefirieron no hacer absolutamente nada al respecto, hasta que el asunto salió a la luz pública a través de la publicación periodística en un medio nacional. No sería tan dramático el asunto, a no ser porque se trata de un gobierno progresista supuestamente intransigente con lo relativo a las violaciones de los derechos humanos por parte de los militares de la dictadura…aunque claro,  solamente esos.

Todo el mundo sabe y lo dice en voz baja que el fallecido ex ministro de Defensa, Jorge Menéndez –enterrado el antes de ayer- fue “renunciado” como costo político por algo que no había cometido de forma alguna y en el que la cadena de mandos llegaba al mismísimo presidente, en principio y solapadamente ajeno a la situación. No habría leído el expediente, o la totalidad del mismo,  aunque sí firmado y avalado como efectivamente sucedió.  El tema siguió su curso normal hasta que explotó la bomba con la publicación de Leonardo Haberkornn. ¡Qué mala suerte!

El secretario general del Partido Socialista, Gonzalo Civila, lo dijo claramente, en su dolor por la pérdida del compañero Menéndez que se había ido del Ministerio sin culpa alguna sino por lealtad al primer mandatario, además de estar con una enfermedad terminal que no le permitía navegar en aguas tumultuosas. Además el ex presidente y filósofo José Mujica trató de explicar y justificar lo indefendible, reconoció la complejidad del tema, lo inoportuna de la situación en tiempo electoral y dejó abierta la consideración de la conducta de Tabaré Vázquez que ni siquiera concurrió al velorio del difunto en Durazno.  De manera que podría decirse que todos los involucrados son cómplices de mala praxis, el secretario Toma, amigo presidencial de todas las épocas y el mismísimo presidente, ambos  que en su momento prefirieron mirar para el costado y seguir adelante, para beneficio de todos y la tranquilidad nacional, presuntamente y según ellos.

Pero algo salió mal de acuerdo a lo previsto, cuando saltó la nota el diario capitalino “ardió Troya”. ¿Cómo era posible que las más altas autoridades nacionales y frenteamplistas dejaran  pasar la confesión de Gavazzo ante sus pares sobre los hechos relacionados con el detenido, desaparecido y muerto de Gomenzoro? ¿Cómo ese tema no pasó inmediatamente a la Justicia competente? La ignorancia presidencial no es de recibo, no es creíble, es imposible. El presidente sabía y no reaccionó en su momento sino hasta que todo se destapó en un diario capitalino. ¡Esa es la verdad, todo lo demás es cháchara! ¿Por qué hizo eso? Seguramente para no generar expectativas, no revolver en la cloaca, no insistir con lo imposible y tirarse a una piscina que no tenía agua. En la impronta de izquierda semejantes intenciones no son permitidas ni toleradas por lo que una vez tomado estado público el tema tuvieron que rodar algunas cabezas, algunas directas y otras indirectamente. En esa jugada cayó Jorge Menéndez, ministro de Defensa Nacional, entre otros. Posteriormente, solo cabezas gachas y murmuraciones, pero nada más.

No es la primera vez y quizás tampoco la última que la izquierda saca la mano para un lado y dobla para otro, no importa cual sino que es exactamente al contrario de lo que dicen, de lo que piensan o de lo que aparentan.

Ya conocemos la historia de Líber Seregni con Wilson Ferreira Aldunate sobre la solución al problema de los derechos humanos y los militares de la dictadura. ¡Arregla vos y nosotros nos oponemos poquito! Lo conclusión es que fatalmente que otro debería hacer el trabajo sucio, el Frente Amplio ni loco.

Luego fue con la crisis económica durante el gobierno del Dr. Jorge Batlle y la sugerencia en voz baja de Danilo Astori y Tabaré Vázquez que se declarara el default de la deuda uruguaya para salir del paso. La derecha liberal sería la responsable de la debacle internacional; el asunto era la izquierda cerca del poder pero lejos de las responsabilidades y sinsabores del gobierno.

Se cansaron de hablar en contra de la forestación nacional y de la industria contaminante cuando estaban en la oposición para que, luego en el poder darle tanta manija al tema hasta propiciar una tercera papelera finlandesa en el Río Negro, todavía no concretada. Lo mismo con el Aeropuerto de Carrasco,  la Terminal de Puertos en Montevideo,  el atraso cambiario, el déficit fiscal, la presión fiscal, las AFAPS, las tarifas públicas y sobre todo, la promesa que la magnitud de la revolución progresista iba a arrancar las raíces de los árboles –cosa que no sucedió ni por asomo- y que los que los metían la mano en la lata irían presos, lo que tampoco ocurrió. 

 

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