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La gente vota futuro, sueños y personas

La gente no vota pasado, vota futuro. La gente no vota gestión, vota sueños. La gente no vota programas, vota personas. En términos generales los postulados previos se aplican para la mayor parte de la ciudadanía. Independiente de su razonabilidad o condición válida, el comportamiento de los votantes, elección tras elección, los demuestra. Por el contrario, es minoritaria la actitud ciudadana que toma en cuenta los antecedentes históricos de una propuesta electoral, la experiencia probada del equipo de gobierno en la cosa pública o la pertenencia de los candidatos a un partido político programático en particular.

En temas de gobierno y aspirantes a gobernar, la cuestión del pasado es una cuestión fundamental, no es asunto menor votar a un candidato que en los sesenta atentó contra las instituciones democráticas y que ahora piensa que lo político está por encima de lo jurídico, u otro que disfrazado de progresista en la democracia recuperada, antes fue colaborador de la dictadura cívico-militar. Sin embargo Tabaré Vázquez y José Mujica terminaron siendo presidentes del Uruguay. En su momento a pocos les interesó los notorios prontuarios respectivos y la mayoría se volcó a una promesa idílica de futuro con gente que aparentaba ser buena y sencilla, infalible e incorrupta. Acaba de morir el ex ministro de Educación y Cultura, Ing. Jorge Brovetto, y le rindieron honores de Estado. Estuvo presente en su velatorio el Presidente Vázquez en el Paraninfo de la Universidad en Montevideo. Todos destacaron los antecedentes democráticos y frenteamplistas del fallecido,  incluso su renuncia a la Universidad intervenida por la Dictadura militar. En efecto, Brovetto renunció a la alta casa de estudios, Tabaré Vázquez no, todo lo contrario, siguió campante en la Alta Casa de Estudios.

También la eficacia y eficiencia de la acción de gobierno debería ser un elemento esencial a la hora de decidir nuevas autoridades.  Sin embargo hay sobrados antecedentes que muy buenos gobernantes fueron desplazados olímpicamente así como otros pésimos ratificados en forma reiterada, tanto nacionales como departamentales. Una muy buena gestión no resulta condición necesaria ni suficiente para ser reelecto o ganar una elección por primera vez. Adauto Puñales y el Dr.  Irineo Riet Correa en Rocha son claros ejemplos de intendentes reelectos con pésimas administraciones. El Cr. Eduardo Minutti y el Dr. Juan Carlos Rocca son casos clásicos en la historia salteña, excelentes gobiernos que no repitieron. Queda pendiente el caso del actual senador Germán Coutinho y ex intendente de Salto, es quizás actualmente el hombre más popular del departamento y probable ganador de los comicios departamentales, sin embargo no tiene buenos antecedentes de la gestión municipal realizada.

Por otro lado, los partidos políticos y los tan mentados programas de gobierno no son considerados como referencia tradicional de pertenencia ideológica y mucho menos leídas las agendas de las futuras administraciones. Cada vez hay menos votos partidarios cautivos y estructura de cuadros militantes, además las promesas de campaña estructuradas en complejos libros o folletines son meras formas, con muchísimo más interés por su continente que por su efectivo contenido programático. Partidos y programas aparte lo que sobresale son las personas, los candidatos de carne y hueso. Comunicativos, novedosos, carismáticos, sensibles, confiables. La gente no vota programas, vota a personas-candidatos. Aquí está el ejemplo notorio de Juan Sartori, frente al programa de Lacalle de cientos de páginas elaboradas por técnicos de todo calibre, Sartori presentó una gacetilla electoral de 224 páginas donde promete 100 mil empleos y la tarjeta Medifarma, con medicamentos gratis para los jubilados. Y frente a los ya conocidos y repetidos candidatos de la oferta de estos tiempos surge el empresario joven, simpático, casado con una rusa, de suegro mega millonario del Imperio zarista, con estudios en universidades europeas y que paga la campaña electoral de su propio bolsillo. Ya estaría segundo en la interna blanca, por encima de Larrañaga y acercándose al primer puesto de Lacalle Pou. No gustará a muchos pero ahí está, y se vende como pan caliente…

Nada nuevo en el horizonte, más de lo mismo. La gente no vota pasado, vota futuro.

El oficialismo de Martínez y Cosse ya no enamora ni entusiasma con fervor ciudadano. Fueron tres períodos de gobierno sin genuino desarrollo social y económico del Uruguay. Será la década despilfarrada o será la década ganada pero la gente no vota gestión, vota sueños.

 
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