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Las señales de la derrota

Analistas y encuestadores se animan a decir que el escenario está dado para que los blancos salgan primeros, el Frente segundo y los colorados terceros. El presidente saldrá electo en la segunda vuelta de noviembre, y las fuerzas de oposición actual darían la victoria a Luis Lacalle Pou. Ese es el panorama probable, consistente con las tendencias que se vienen dando,  las movidas políticas de los últimos tiempos, la situación económica del país, el cambio ideológico que se ha dado en la región y la sensación térmica de ciclo acabado de la izquierda en el poder.

El partido de gobierno oscilará entre el 30 y 40 por ciento del electorado, lo cual es mucho teniendo en cuenta las circunstancias. El futuro gobierno de coalición tendrá superioridad parlamentaria en ambas cámaras por lo que está asegurada la gobernabilidad futura.

Pero, lo anterior es una proyección de analistas y expertos. Además hay síntomas por doquier que las cosas efectivamente vienen en tal sentido.

Primero, la fiebre del país está altísima,  en economía y sociedad. No hay duro que no se ablande en esta materia y el electorado no vota gestión pasada sino a futuro, y  en base al presente desastroso que sufre cotidianamente. Sería en el único país del mundo que no se pague costo político en las urnas,  en instancias de la reedición de un cuarto período, en medio de una crisis, hastío nacional respecto a los gobernantes.

Luego, el gobierno de Tabaré Vázquez se ha dado cuenta del descalabro electoral que se avecina puso al gabinete a recorrer todo el territorio nacional cantando loas a las realizaciones progresistas. Todos los días las autoridades hacen exitistas evaluaciones de las gestiones realizadas en los períodos del Frente Amplio y especialmente el último. Millones de dólares invertidos, miles de casas construidas, pacientes  atendidos y medicinas distribuidas, derechos consagrados, niños y adolescentes contendidos en la educación, universitarios en las sedes regionales y Montevideo, trabajadores y jubilados bien pagos y con beneficios sociales,  grandes obras progresistas del ANTEL Arena, UPM2, el Ferrocarril Central, entre los logros obtenidos y propagandeados hasta el hartazgo. “Todo muy bien pero yo no tengo empleo, mi padre gana una jubilación miserable, vivo en una peligrosa inseguridad, a la vuelta de la esquina mataron a un vecino y al boliche de la esquina lo roban dos por tres. No se puede salir de noche, la luz y el agua no se puede pagar, la nafta tampoco y el peso de los impuestos es asfixiante. Además no puedo encontrar laburo y me temo que mis hijos no tengan mayor suerte que yo”; esta sería la confesión del ciudadano medio del Uruguay que desahuciado del Frente, que alguna vez lo ilusionó, ahora estaría dispuesto a castigar electoralmente y votar otras opciones. A los blancos, puede ser; a los colorados, tal vez; a los “mano dura y plomo”, es posible; a cualquiera de la oposición, muy probable. A cualquiera, menos al Frente Amplio, seguro.

Después, las elecciones internas realizadas fueron una tomografía computada del enfermo terminal que es el Frente Amplio. La peor votación de la historia y el candidato ganador un pobre hombre con ninguna fuerza política ni capacidad para gobernar por cuarta vez el país. Dijo un analista que la fórmula frentista era de perfil municipal de Montevideo, con el intendente como presidente y la edil como vicepresidente. Carolina Cosse confesó que Daniel Martínez le dijo personalmente que quería conformar un tándem presidencial que impactara y le diera una nueva impronta a la campaña electoral. ¡Y entonces eligió a Graciela Villar, por descarte porque la primera opción no aceptó el ofrecimiento!

Por último,  el cambio de mando de un lado a otro del espectro político se da en todo el mundo, en América, EE.UU, Europa, recientemente en Grecia. Y a pesar de la campaña del miedo en ciernes, contra el advenimiento de la derecha fascista, el apocalipsis de los partidos tradicionales, lo mal que la pasarán trabajadores y jubilados, los derechos que se cortarán y los beneficios sociales que sacarán, no habría manera de torcer los acontecimientos que sobrevendrán a partir del último domingo de octubre. Salvo un milagro, pero se sabe que los progresistas son ateos y no creen es esas cosas.

 
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