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Un empresario salteño que ha recorrido el mundo nos dice que “la verdad que pase lo que pase y pese a todo sin China no se puede vivir”. Cuando insistimos en el concepto para profundizarlo dice que “nos compra todo a buenos precios, es un socio estratégico. Tendrá problemas, la pandemia, lo que quieran, pero es una potencia, es serio, se puede acordar, cumple. China es casi que el socio ideal. Ojalá el gobierno de Lacalle Pou firmara un acuerdo de libre comercio y les compráramos de todo y nos compraran de todo.

Se puede prever y ya se sabe lo que es prever para un empresario. El valor de saber de lo que se habla, de hacer un compromiso y cumplirlo es enorme. Permite sacar créditos, honrarlos y volver al mercado de capitales. China es el gran socio uruguayo y todos deberíamos entenderlo así.” Recordemos en ese marco lo que sufrimos cuando fueron unas cajas que no estaban exactamente como lo previsto a China exportadas desde el frigorífico La Caballada. Y lo que festejamos cuando se le levantó la veda a la planta industrial instalada al sur de la ciudad de Salto. Es cierto que China es el gran socio, por encima de Brasil y de la siempre irregular Argentina que tienen la ventaja de que los fletes tienen costos irrisorios, pero sin embargo ante China no pueden. Tiene todo planificado, cumplen los acuerdos, prevén y cumplen, dan la palabra y se sabe que es así. Incluso el gobierno uruguayo ha apoyado a China y China ha apoyado a Uruguay con emprendimientos y diferentes actividades lo que aceita los lazos. Así se puede avanzar realmente y los exportadores, los importadores y los que trabajan en los servicios bien lo saben pues da un marco de tranquilidad. Incluso ahora se podrán dar los pasos para ir superando la pandemia.

Lo que también hay que entender es que un país de más de mil trescientos millones de habitantes no crece y saca cada año de la pobreza a cinco millones si no planifican y, por supuesto, si no cumplen a rajatabla esa planificación. Salteños que han visitado China nos dicen que es increíble cómo construyen, cómo proyectan cosas que después hacen, incluso cómo se relacionan con los extranjeros. Nada está a la deriva, todo tiene un por qué. Se podrá disentir o no, pero no se puede decir que han logrado crecer a tasas enormes y ahora están tomando aire para volver a mirarse cara a cara con los Estados Unidos.

El ingeniero Alejandro Vegh Villegas, ministro de Economía y una persona capaz de prever mucho decía que los países debían tener “socios lejanos y estables”. Todo lo contrario a la región que nos circunda. Que tiene países cercanos e inestables. Cómo prever, en este marco de razonamiento, algo con Argentina que en cincuenta años tiene cuarenta de crisis e inestabilidad, que puede cerrar los puentes internacionales ante la atenta y cómplice mirada de los propios responsables.

Desearíamos con toda el alma que la región mejorara y pudiera exhibir la tranquilidad y planificación que exhibe el gigante asiático. Pero una cosa es lo que uno desea y otra la realidad, siempre tan porfiada. Quizás sea hora de dar por concluida cierta etapa del Mercosur y mirar más allá, con los que nos ayudan y hemos colaborado, con los que se puede prever como un valor inmenso en todo sentido. El Uruguay se debe esa discusión y quizás el Parlamento pueda ayudar, desde todas las fuerzas a dar los dos pasos. Independencia del Mercosur y asociatividad con China. Hoy es lo que reclama el mundo empresarial.

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