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Una cosa es el déficit operativo, la diferencia entre el dinero que entra y el gasto que sale por todo concepto, contabilizado por períodos anuales. En el caso de Salto es millonario, entorno a $ 150 millones solo en 2019. En este sentido las dos últimas administraciones fueron lapidarias al respecto. Incurrieron en gastos extraordinarios sin la financiación genuina correspondiente, primero se cubrió la brecha fue con un aporte millonario de los bancos y fideicomisos para luego convertirse únicamente en crecimiento exponencial de deuda generalizada.

Otra cosa es la deuda acumulada. Esto es, la suma de todos los déficits durante un período histórico.

Además,  hay que tener en cuenta que una es la deuda vencida y a pagar o a corto plazo y otra la deuda consolidada y a largo plazo. Por ejemplo, figura,  en la presente Rendición el Fideicomiso Daymán a pagar en cuotas anuales hasta el 2030, algo más de $ 1000  millones. Hay un monto dramático a proveedores chicos y grandes, privados y públicos, que está directamente defaulteado.

Así las cosas y en Salto en particular, la situación económica-financiera es dramática. Para peor, tanto a nivel nacional como departamental, la morosidad aumenta, la recaudación disminuye, las previsiones de mayores recursos del gobierno central por las vías tradicionales es escasa o nula. Con la estructura funcional y modalidad operativa actual de la intendencia, más el pago de la deuda comprometida, la contabilidad departamental es deficitaria, inviable e insostenible desde todo punto de vista. Ni siquiera se podrían pagar los sueldos en tiempo y forma, cuanto más hacer obras  y mantener los servicios en la ciudad y el campo.

En estos días se ha hablado mucho al respecto, en ocasión de la presentación de la Rendición de Cuentas 2019 en la JDS. Los números actuales son incendiarios y los que vendrán son apocalípticos. No se puede prever un escenario más desfavorable y dramático para el gobierno departamental y, desde luego, para los aspirantes a ocuparlo. Incluso, tratándose de juntar votos las desgraciadas noticias no son bienvenidas en el presente inmediato, más vale callar prudentemente para actuar luego de las elecciones.

Pero es indispensable advertir responsablemente de ciertas circunstancias inevitables y dolorosas. La primera es que la solución del departamento viene de Montevideo y del Ejecutivo Nacional, de ninguna manera con la buena voluntad y garra salteña que valga, para conseguir una montaña de millones de dólares que hacen falta para dar vuelta la pisada. Por cierto, es mala noticia para Lima en esta campaña electoral. La segunda es que la probable solución  seguramente se trate de una autorización excepcional para asumir deuda extranjera y por muy largo plazo, al estilo de los compromisos del gobierno central. La tercera es que el monto estará destinado, si o si, obligatoriamente y eventualmente por ley, a) borrón y cuenta nueva de la deuda acumulada, b) reestructuración y racionalización del estado municipal, c) ajuste presupuestal equilibrado entre ingresos locales  y nacionales contra gastos operativos, obras de infraestructura y pago de los compromisos de deuda asumidos, y d) financiamiento provisorio del período de transición. Esta es la Política de Estado que hay que asumir y lleva adelante a rajatabla, de otra manera será imposible gobernar con eficacia y en paz.

Por supuesto que asumir la rebaja del gasto con la política de no llenar las vacantes producidas (o el llamado 3x1), el recorte salarial a jerarquías y puestos de confianza, reducirlos a su mínima expresión, bajar el gasto de publicidad, entre otras medidas que se han sugerido, son detalles simbólicos e inservibles frente a la gravedad y majestuosidad del drama económico que se vive.

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