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Hoy te vengo con otro de los temas que me apasionan y que además, fue y es, mi área de estudio hace años. El trabajo pero, podemos abordar esta temática desde muchos aspectos y yo en esta nota, quería concentrarme en una.  El cambio de trabajo. La transición de carrera. En tierras de “mi hijo el doctor” esto de cambiar de trabajo sin dudas, nunca estuvo bien visto hasta que, llegaron las nuevas generaciones y con ellas, la revolución.

Pertenezco a una época donde un trabajo estable estaba vinculado con lo público y además eso, vinculado a estar aseguradx de que nada nos iría a pasar por ende era, un sueño a alcanzar.

Estudiar carreras universitarias se resumía a hacer Contador, Abogacía, Escribanía, ingeniería, Medicina, Arquitectura y por ahí nomás.
Las que eran de corte más social o de letras, eran mal vistas. De hecho quien te escribe, ingresó a la Facultad de Ciencias Económicas por mera acción y no convicción. Las etiquetas que surgieron al respecto fueron muchas y estudiar una cosa u otra, era ser de determinada manera. Estaban quienes eran más serios, otrxs más ejecutivos, quienes más bohemios, más hippies y sabemos bien qué lugar había que elegir para ser reconocidx y respetadx.

Las carreras tradicionales, dando paso a profesiones de prestigio. Como si ese, fuese el único fin. Todo esto fue mutando y mucho.
Hoy, la realidad nos propone otras cuestiones.  Las crisis hicieron trastabillar cualquier fundamento de permanencia. En un mundo tecnológicamente conectado y cambiante, lo laboral ha sufrido grandes reformas. Una, es que esos puestos de trabajo intocables se tocaron, y muchos profesionales quedaron sin saber qué hacer ante su incapacidad de haber aprendido otras habilidades pensando, que ese sería su rol de por vida.

Ese sector de la población no supo salir a buscar nuevas oportunidades. Tuvo que aprender y volver a reinventarse ante tanto dinamismo y algunxs, encontraron mucha frustración, angustia y ansiedad en ese camino. Luego, están quienes dentro de sus mismas empresas siendo estas públicas o privados, buscaron rotar y experimentar nuevas etapas desafiantes, en pro de un crecimiento personal. La pandemia entonces, nos plantó un escenario plagado de incertezas y un futuro del trabajo, totalmente distinto.

El surgimiento de trabajadores independientes, jefas de emprendimientos, grupos familiares sacando adelante proyectos en conjunto.
Los y las jóvenes, ya configuran un mundo laboral modificado, en un cúmulo de experiencias. ¿Qué les atrae? El cambio. Se aburren rápido y ansían vivir intensamente cada actividad que se proponen. Dejan el alma en lo que hacen por eso, se conectan con valores no con tareas rutinarias, que no conducen a nada tan relevante.

El trabajo remoto, vino para quedarse. Acá o estando en Bali, puedo hacer lo mío. Ideas y compromisos que van más allá de un traje, una corbata y una imagen particular. Hoy, están en búsqueda de autonomía, autenticidad y frescura. Apuestan a laburar desde lo colaborativo. Se organizan en equipos donde afloran y convergen energías. Hay sinergia. Todo fluye. Como decía Heráclito, somos cambio. ¿Qué podemos esperar para quienes venimos desde otro lugar, lleno de ideas preconcebidas y sistemas más rígidos?

Podemos instruirnos, informarnos y sin caer en la vieja frase de que “todo tiempo pasado fue mejor” aventurarnos y dejarnos seducir por estos cambios. Poner nuestra experiencia al servicio de esta coyuntura y mostrarnos aptxs para el sistema, que ya está entre nostrxs.
Jóvenes y personas más grandes pueden fusionar sus intereses y saberes para incentivar el intercambio. Las oficinas son cafés urbanos, las reuniones de equipos comienzan con meditaciones y nos estamos formando en comunicar asertivamente, para implementar mejores políticas de empleo, apostar a la creatividad y mirar más lejos.

Nada es para siempre y el modelo de fabricación en serie surgido en la Revolución Industrial, está quedando fuera de moda.
El mundo es colaborativo y consiste, en la amplitud de competencias, cuidado de la salud mental y con un enfoque más humanista.
Ya en Europa, el año sabático es casi un modus operandi de cualquier empresa para que sus trabajadorxs tengan momentos de ocio y placer y de esta manera, ser más productivos.

El futuro desde el nuevo paradigma está llegando. Esta, golpeando la puerta. No es un invento ni de Bill Gates, ni del dueño de Facebook es, lo que cada de nostrxs estuvo haciendo. El comportamiento define lo que se hace y se aproxima. A muchas personas estos cambios le dan miedo y visualizan la peor de la realidad y otras, les genera esperanza y adrenalina. Vos, ¿a cual perteneces?

 

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