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"Mayor aislamiento, mayor depresión"; "Un equipo de investigadores de la Udelar (Facultad de psicología) preguntó a mil uruguayos sobre su salud mental y un 37% manifestó síntomas de depresión..." Ecos 5/8/20. Cabe preguntarse entonces como será el escenario de la pandemia y como será la epidemiología de las enfermedades mentales.

Sobre lo primero es necesario que la población sepa que nos espera un largo tiempo de medidas de restricciones (oportunas y lógicas), y que la trazabilidad del virus estará siempre presente, que se apagará pero no desaparecerá una vez alcanzada una meseta que se calcula con 65% de la población inmunizada o naturalmente o por vacunación. Estamos muy lejos. Lo más inquietante es que todavía no se conocen muchos aspectos del virus en cuanto a su transmisibilidad, permanencia, efectos  clínicos, secuelas y posibles tratamientos.

La importancia de la misma ha inundado la vida social, genera preocupación, tristeza, desánimo, impotencia, tiempo perdido, y un daño económico que aún no se ha dimensionado totalmente. El mundo de las comunicaciones ha centralizado las mismas en la marcha de la infección a través de estadísticas diarias y los gobiernos han tratado la salud y sus problemáticas en exclusividad de la pandemia, ignorando muchas veces por la gravedad, o los efectos colaterales, los temas sanitarios de asistencia, postergándolos, sin resolución oportuna y con la certeza de achiques presupuestarios. Para el caso de los países latinoamericanos en su gran mayoría los sistemas de salud dependen de los seguros sociales ligados a un porcentaje del salario; es de esperar el inmediato efecto sobre el financiamiento al crecer la desocupación y su impacto sobre la calidad de los servicios. (Fonasa).

Sobre lo segundo, es decir las enfermedades mentales y su comportamiento en esta crisis, junto a los trastornos sociales y del comportamiento serán una parte importante de los problemas de salud.

El conjunto de estas constituye ya la causa de un 8% de los "años perdidos por discapacidad" (AVAD-Harvard),quiere decir que de la relación de muerte prematura + años vividos con discapacidad, en términos de años no vividos o vividos con incapacidades suman el 8% del total de años perdidos.

El número de personas con enfermedades mentales ya es alto y aumentará apreciablemente en los próximos años y para OPS el número de personas con depresión  en América Latina y Caribe llegará a 35 millones.

La pandemia interactuará  agravando los cambios sociales de riesgo como el abuso de sustancias, la violencia, abuso de mujeres y niños, desempleo, pobreza, educación limitada, discriminaciones por género, y enfermedades crónicas.

Se considera que los trastornos depresivos y de ansiedad constituyen  entre el 20 y 30% de las consultas a nivel primario (Lemus).

La debilitación del sistema social, económico y político lleva a la caída de los fundamentos morales de las sociedades. Asimismo las condiciones del Uruguay en ese sentido, y otras, han permitido la baja prevalencia de la pandemia en comparación con el resto de América Latina.

El tratamiento de las enfermedades mentales, incluidas las adicciones, es materia de agenda inconclusa, deben promoverse los derechos de las personas con afecciones mentales, terminar con la marginación, exclusiones varias, incluir programas dentro de la atención primaria efectivos; en suma democratizar su tratamiento.

Se espera que cumplimentando la ley 19529 podamos avanzar en esos aspectos con prioridad ambulatoria.

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Andrés Lima Intendente
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