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Si hay algo que todo el Uruguay tiene muy claro, es que en los tres gobiernos del Frente Amplio, su dirigencia pensó,  gestionó y concretó primero que nada, atender sus intereses personales e individuales.  Lo prueba que toda su alta dirigencia, hoy disfruta de muy buena posición económica y que quienes vivían en barrios de clase media baja, pasaron a vivir a la zona de clase media alta rica, sobre o cercana a la rambla de Montevideo.

Sabíamos y esta comprobado que el Dr. Tabaré Vázquez, siempre fue un profesional que trabajó en su progreso personal, por lo tanto siempre antepuso sus intereses al  supuesto bien común. Lo que no es un pecado. Todos sabemos que durante la dictadura, coqueteó con los gobernantes de facto, para lograr una beca para especializarse en medicina oncológica. Culminada esa etapa de capacitación, se preocupó por ingresar equipos libre de impuestos, lo que también logró. Desarrolló así su propia clínica de atención especializada y ganó mucho dinero. Lo que no es criticable. Incursionó en política y su éxito lo utilizo primariamente para beneficio propio. A horas de asumir la presidencia, destituyó del Instituto Nacional del Cáncer a su competencia, los doctores Legborne y direccionó  servicios de su clínica al Estado. Privilegió a uno de sus hijos, que prácticamente manejó en forma monopólica servicios informáticos y con la inclusión financiera, benefició a la banca  (mayoritariamente extranjera) los post que se deben utilizar. Hay hasta un oscuro episodio, donde en negocios con Venezuela, un contador que competía con el hijo del ex presidente no solo se vio despojado del negocio, sino que después apareció muerto en playa de Punta del Este, en caso que nunca progresó en su investigación. A ello, le podríamos sumar, acciones y medidas caprichosas digna de un personaje real: cerrar el acceso a la estancia  presidencial de Anchorena al público y su arroyo para convertirlo en coto exclusivo para su hobby de pescar.

Pero lo más sorpresivo, es que los personajes más cercanos, también se aprovechaban de la posición de poder, con la lógica aprobación del ex mandatario en dos períodos presidenciables. Entre ellos, saltó lo del secretario de presidencia de la república, Dr. Miguel Angel Toma, que ahora se supo disfrutó de catorce viajes en los que gastó la fortuna de  64.000 dólares. Entre ellos, incluidos, los viajes con la joven y sexi contadora que fue contratada por su consejo y pedido, quien trabajaba en la secretaría de combate a la corrupción y lavado de dineros de oscuros orígenes. Toda una ironía, si tenemos en cuenta lo evidente. Lo de Toma en viaje con bella acompañante no tiene muchas explicaciones, porque lavado de activos de oscuro origen no hubo en el caso en Italia contra militares implicados en el Plan Condor y en lo de Aratiri traído por Mujica, con reclamos por 3.500 millones de dólares al caerse el proyecto de minería en la zona de Valentines, no había  supuestamente nada de corrupción ni lavado de dinero. Pero Toma, hombre poderoso e intocable, que se movía tras bambalinas, no pudo actuar como lo hizo sin el visto bueno de su directo jefe, el presidente de la República.

Parafraseando una sentencia hartamente pronunciada, por lo tanto, aquello de “podremos meter la pata pero no la mano en la lata” resultó ser totalmente falsa, porque a sabiendas de que se derrochaban dineros públicos  nunca pusieron freno a esas manos que no se cansaban de mal utilizarlos.

Lo de Toma, ahora confirmado en cifras de lo que gastó en 14 viajes, es una muestra clara de que se vivía hasta en presidencia un todo vale, sin control, ni freno alguno, cuando se trataba de gastar plata del pueblo… Algo que a la realidad, solo cabe remitirse.

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