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Es probable que si se señala que una empresa da pérdidas es porque no vende suficientemente sus productos, porque tiene costos altos, porque no es competitiva ni rentable. Encarar su recuperación no es algo por un milagro de Dios sino por cambios en su estructura funcional, seguramente achicar plantilla de funcionarios, aplicar tecnología, bajar los costos de producción, mejorar el producto, modificar el precio de venta...

Nada de estas cosas es sencilla ni fácil, pero es inevitable para salvar a la empresa y sacarla adelante, preservar a la mayoría de los trabajadores y seguir aportando a la sociedad.

La llamada ex Dirección de Turismo da cuantiosas pérdidas anuales, que suman en el entorno de U$S 5 millones en el quinquenio. El subsidio al transporte departamental de pasajeros representa unos U$S 2.5 millones al año, otros U$S 12.5 millones en cinco años. Los talleristas del ex Departamento de Cultura, los funcionarios de las ex direcciones de Deporte y Juventud, el exceso de trabajadores de la Dirección de Obras, la Clínica Municipal, más de 100 sueldos municipales para realizar tareas que no le son propias a la Intendencia, que las podrían hacer otros privados o el gobierno nacional, y que en momentos de crisis terminal bien que podrían considerarse no prioritarios y descartables en la órbita presupuestal. ¿De cuanta plata estamos hablando? No lo sé expresamente, pero es una fortuna. Andrés Lima supo echar en su momento a 250 trabajadores designados por la administración anterior. En estas circunstancias, cuando no llueve dinero, más bien una sequía larga, con un déficit monstruoso y una deuda peor aún, no es imposible apelar a medidas extremas e inevitables en el total del gasto municipal.

¿Cómo es posible esperar e insistir en reestructura del Fideicomiso y/o nuevo financiamiento si tengo a la vista números en rojo evidentes? Pero se pensarán que los acreedores son imbéciles, crédulos o carmelitas descalzas…La sumatoria de las pérdidas en turismo, el monto de los subsidios en general, la sangría con la plantilla por Direcciones impropias y funcionarios por demás, es notoriamente mayor en millones de dólares a lo que la intendencia tiene que pagar todos los inicios de año por la cuota del Fideicomiso, unos 200 millones de pesos o 5 millones de dólares. Es decir, aún sin tocar y modificar el peso de las obligaciones legales, un ajuste en la medida de lo mencionado, daría espacio fiscal para cumplir el presupuesto, pagar lo que corresponde y hacer las obras que son necesarias. Qué es difícil y doloroso, ¡sí señor! Igual que el drama de millones de uruguayos que quedaron sin trabajo en los últimos meses por las consecuencias de la pandemia en la economía y en el parate nacional, los despedidos del sector privado que no aguantaron el cimbronazo y están en la calle buscando una nueva oportunidad; en la medida que el Uruguay salga del pozo en el que se encuentra. Igual que el sufrimiento de los comerciantes que toman la decisión de cerrar sus puertas agobiados por la falta de clientes, la inseguridad que los golpea y los impuestos que lo expropian. De manera que no es inmoral, ni desubicado, ni violento ni nada parecido el pensar en soluciones como las propuestas, en mayor o menor medida. ¿Hacen falta en este contexto los Talles Municipales de Cultura, con la cantidad de profesores y hasta un local instalado para su desarrollo? ¿Es imprescindible? Y por lo mismo, las supuestas actividades en Deportes o en Juventud, son tan esenciales en medio de la crisis de caja de la intendencia. Me parece que no…

Y el intendente electo Andrés Lima anda pregonando el ahorro de $ 1.700.000 mensuales (pesos, no dólares) como consecuencia de la disminución de direcciones en la administración política de la intendencia. ¡Por favor! eso es nada, una gota de agua en el mar…

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