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Un 13 de enero fallecía el General Fructuoso Rivera, el hombre que según Anacleto Dufort “Montaba con esa arrogancia soberana de los grandes jinetes, que da a los nuestros- según D’ Amicis- aire de príncipes. Que vestía chaquetilla de paño azul con alamares negros, pantalón de brin, color plomo, botas granaderas armadas de espolines, y en la cabeza, sombrero blanco de felpa, redondo, penacho punzó y divisa bordada de oro.

Sable a la cintura, las riendas en la mano izquierda y en la derecha el látigo de trenza, su arma de combate”.

Cuenta López Mato que el general Melchor Pacheco y Obes, el mismo que se había abrazado con el contrincante de otros tiempos, el mismo que pensó en elevarlo una vez más a la máxima conducción de la patria que tantas veces había ejercido, escribió ese día: “Hoy el general Rivera está más alto que las miserias de la humanidad”.

Dejaba esta tierra el soldado que al decir de Luis Alberto de Herrera sobre la victoria en la Batalla de Guayabos: “ese día memorable, el bravo Coronel Fructuoso Rivera, sableó a las milicias (porteñas), y también, a su arrogancia”.

Nos dejaba el militar que, ante el fracaso de la revolución creyó oír la espirante voz de la patria. “Ella me ordenaba no sacrificar inútilmente las últimas fuerzas que, bien dirigidas, la restablecerían a su antiguo esplendor”, las que logró conservar al igual que las tierras entregadas a los más infelices por Artigas.

Se iba el oriental liso y llano que ante la derrota y habiendo perdido toda esperanza, sólo se cuidó de hacer menos terribles las desgracias de los paisanos, y “sacar partido de nuestra esclavitud para en tiempo oportuno darle al país la libertad que había perdido…” tal como le escribiera a su amigo Gregorio Espinosa.

Moría el hombre que tras el “Abrazo de Monzón” triunfara contra las fuerzas brasileñas comandadas por Mena Barreto en Rincón, permitiendo de esa manera que luego, los orientales cabalgaran “carabina a la espalda y sable en mano” a iniciativa de Bernabé en la gloriosa jornada de Sarandí, donde los compadres se alzaron con la gloria.

Partía al más allá el patriota que con un puñado de hombres llevó la guerra al territorio brasileño lanzándose con increíble coraje a una conquista que parecía imposible.

Primero declarado traidor- por insubordinado- pero luego, glorificado por el éxito tras la extraordinaria victoria gracias a la cual nació el Uruguay independiente.

José Enrique Rodó consideraba que “De todos los caudillos del río de la Plata, contando lo mismo los que le precedieron que los que vinieron después de él, Rivera fue el más humano: quizás en gran parte porque fue el más inteligente”.

Recordamos a Don Frutos en este nuevo aniversario, en tiempos en que su figura es denostada por “la mala fe y la ignorancia, ya que sólo de ese modo se puede explicar el vituperio tan frecuente a este héroe nacional”- al decir de Lincoln Maiztegui- quien ha escrito (sobre Rivera) “…para todos, desde luego, pero fundamentalmente para los más jóvenes, víctimas preferidas de los que han dedicado sus miserables existencias a señalar que todos los buenos han estado de su lado y todos los malos del otro, a pudrir la mente de los muchachos y a dar por ciertas sus mentiras”.

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