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 Salto nunca fue un departamento industrial como Paysandú, si miramos sus industrias no tantas se perdieron y en cambio sí se mantuvieron algunas que nos marcan como la cárnica, de chacinados, o las vinculadas al sector citrícola. Esto implica en sí asumir por ejemplo que el modelo de ir quitando importaciones por industrias propias no es sencillo de llevar adelante pues hoy los países se especializan y compiten a gran nivel.

Miremos lo que pasó con el producto de limpieza Fabuloso, tan usado en nuestro país. Se cerró su fabricación y se pasó a importarlo de Méjico siempre dentro de Colgate Palmolive. O sea que la industria se centralizó en la nación azteca por cuestión de competitividad, tamaño y oportunidades. Queda feo lo que vamos a decir pero todo el Uruguay podría ser un barrio de la ciudad de Méjico. Ante eso es difícil competir por lo que hoy tener industrias exigen mucho cuidado y potencializar al máximo las ventajas competitivas del país. En el marco de la baja de costos del transporte y la automatización creciente del proceso industrial.

Un texto del tratado latinoamericano de la Sociología del Trabajo claramente nos pinta esto.

Los años ochenta y noventa están marcados, en el ámbito de la Sociología del Trabajo, por una enorme cantidad de estudios que, si bien presentan diferentes enfoques y abordan problemáticas distintas, coinciden en la preocupación por dilucidar los enigmas del proceso de globalización, ajuste estructural y modernización tecnológica en curso. De hecho, a principios de los ochenta diversos factores relacionados con el mundo del trabajo convergieron en Latinoamérica de manera que la realidad se tornó particularmente compleja. Los regímenes militares que dominaron en varios países fueron sustituidos poco a poco por gobiernos civiles elegidos por el pueblo, lo cual, en sí mismo, exigió readaptaciones profundas en los objetivos y estrategias de los actores sociales y económicos. Al mismo tiempo, con fuertes impactos en América Latina, la globalización de la economía se radicaliza y acelera el ritmo con la liberalización del mercado financiero internacional. En términos políticos, ese proceso de globalización destruye los cimientos del proyecto de desarrollo basado en la sustitución de importaciones, y exige una redefinición de las estrategias de varios actores sociales. El movimiento sindical, aun cuando haya desempeñado un papel importante en los procesos de resistencia a los gobiernos militares, entró en la fase democrática, después de largos años de dictadura, sin experiencia en la negociación de coaliciones y sin alternativas propias a los procesos de ajustes estructurales y restructuración productiva en curso. En cuanto a la Sociología del Trabajo, el principio de los años ochenta estuvo marcado por un gran número de investigaciones orientadas al estudio del proceso de trabajo, las cuales enriquecieron enormemente el análisis del mundo laboral con nuevos temas y enfoques. Fue un periodo muy provechoso para la disciplina en la región, en el cual, alentados por la ruptura teórica anterior, se acogieron nuevos conceptos y metodologías para explicar diversos aspectos que se estaban examinando. Entre los temas nuevos que se abordaron a partir de entonces destacan las estrategias empresariales de organización del trabajo y de administración de la mano de obra, de segmentación del mercado de trabajo, de división social y sexual del mismo, de las formas de resistencia laboral a las estrategias empresariales de dominación y control de los trabajadores. Importa no perder de vista que este período también es rico por el florecimiento de investigaciones orientadas al estudio de la cultura y de la historia del trabajo, las cuales, al centrar el análisis en los diferentes aspectos de la subjetividad que determinan las prácticas sociales, siguieron un camino claramente no determinista. Estos estudios, que continuaron por el camino abierto por la la Sociología del Trabajo como disciplina en la ruptura con la historia económica promovida por la historia social inglesa, especialmente a través de los trabajos de Thompson y Hobsbawm (Leite Lopes, 1997), representan hoy un filón importante de la sociología del trabajo en Latinoamérica, principalmente en Brasil y México. Aun cuando haya profundizado significativamente en la comprensión del mundo del trabajo, a partir de una visión más amplia y menos determinista, esta nueva fase no fue totalmente inmune a esa influencia. Según subraya De la Garza buena parte de esos estudios estuvo también influida por las concepciones estructural-deterministas. "Las formas de lucha, de organización, demandas y conciencia serían resultado de determinadas características de los procesos de trabajo y sociodemográficas de los trabajadores."

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