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Con buen criterio la gente de la Estación Himalaya hizo una pequeña vereda y el cordón correspondiente, señalizado además, en la clásica esquina de Agraciada y Grito de Asencio. En ese lugar han existido muchos siniestros de tránsito, es verdad, pero también salen algunos luego de echar combustible como que los corriera el diablo.

Entonces entraban a cualquiera de la arterias mencionadas y que pase lo que pase, lo que era un sinsentido. Ahora, con esa construcción, se obliga a salir por una o por otra arteria, no por el medio generando un casos a una esquina de por si movidita. Porque que hayan estaciones de servicio no implica que el peatón tenga que andar surfeando entre motos, autos, gente y mangueras. El peatón tiene prioridad y más en la vereda. El comercio no puede avasallar sus derechos.

 

Y hablando de comercios y derechos, en Salto todo el mundo saca un cartel o lo que sea para marcar la promoción y a veces ese cartel es un obstáculo para una persona que se desplaza con bastón, muletas, silla de ruedas o quien lleva un cochecito de bebé y ni hablar de las personas con baja visión o ciegas. A veces nos olvidamos de todas estas situaciones y dejamos las veredas llenas de obstáculos y no pensamos en mucha gente a que le complicamos la vida, lo mismo que cuando estacionamos motos o autos en las veredas, o dejamos perritos "que no hacen nada" en los zaguanes pero molestan y generan peligro. 

¿Y qué hacemos con la costa de Salto? Porque, como bien lo marcó nuestro Diario, al liberarse su paseo los fines de semana, los salteños salieron despavoridos a darle rienda suelta a todo lo que sea reunión, bebida y diversión. Pero si no hay que hacer aglomeraciones no vamos por buen camino así. Lo otro es que cuando se cierra la Costanera la gente se va en masa a la zona de La Gaviota y se expande en los costados de la ruta tres, pero muchos a la vez, lo que vuelve a generar aglomeraciones. Parece que no entendemos el peligro de la pandemia y siempre le buscamos una vueltita para hacer otra cosa.

 A veces no dimensionamos la importancia de cuidarnos ante un flagelo que golpea en todos lados, no debemos olvidar, y que la conducta de cada uno suma para salir adelante.

 En los días de lluvia la venta de tortas fritas en Salto es tremenda, lo hacen las rotiserías, y lo hacen quioscos que se ponen solo por eso, con gran facilidad, como los que se arman por la ruta en las veredas del Parque Solari. A veces en pocas horas venden todo, por la avidez de los salteños de comprar los manjares de harina, grasa y azúcar. Así somos.

 

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