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La vuelta a clases del próximo lunes 1º de marzo, significa recuperar algo de la ansiada normalidad tan deseada por todos. Porque siempre ha sido, es y será agradable ver en nuestras calles el ir y venir de  “las palomas” , es decir los niños con sus blancas túnicas  y adolescentes con sus uniformes, caminando, corriendo a sus escuelas, liceos, UTU. 

Porque es parte de la vida  normal, deseable, de una ciudad, departamento, caracterizado por su empuje, sus ansias de progreso. Todo lo que la gran mayoría sabe, depende de la educación. Esa que genera la real equidad, la que nos  instala códigos básicos, valores y principios, cultura de trabajo, esfuerzo, sacrificios que muchas veces pareciera que hemos perdido. Lo que no es nada deseable por cierto.

La cuestión es que solo la educación, la capacitaciòn que con ella adquirimos,  nos proporciona las básicas herramientas para realizarnos y transitar por esta vida.

Valorandonos, para enfrentar y desarrollarnos en una vida que siempre ha sido difícil y compleja.  Valorando el respeto, ese que tanto exigimos para nosotros como el que debemos mostrar a quienes nos rodean y tratamos. Porque es parte básica de la vida en comunidad. Donde todo lo lograremos o no,  reiteramos porque creemos es la base para la realización personal y de una sociedad , que es el esfuerzo, sacrificio, determinación que apliquemos en nuestro accionar y en los objetivos que nos fijemos y  ansiemos alcanzar.

Por otro lado, para todos los seres humanos, más allá de su edad,  es fundamental la integración, la sociabilidad. Porque nos genera la siempre necesaria interacción con los demás, impulsando, alentando, el desarrollo pleno.  Y más que básico para nuestros niños y jóvenes, porque es muy necesario para su maduración, especialmente en  la etapa de la educación de niños,  adolescentes y jóvenes.

Porque de esa forma, somos consciente de la presencia y la mirada del otro, lo que siempre nos enriquece, por lo  que “lo presencial” suma.  

Por ello, es que este retorno a las aulas, lo permite y más allá de la pandemia,  es un nuevo paso hacia esa tan ansiada “normalidad” que la pandemia nos alteró y que aun, sin poder disfrutarla a pleno como sería deseable, marca un avance hacia la vida, a la actividad tanto en lo puntual de nuestro Salto como del Uruguay todo. 

Porque es parte de esta vida que se ha visto modificada,  y que en materia educativa, se trató de mantener en buena parte del año pasado, con clases virtuales que fueron útiles pero que no llegaron con la misma receptividad, seriedad y resultados que si brinda la clase presencial.

Debemos valorar en que este ya casi año de larga, permanente y condicionada vida en pandemia,  esta situación y todas sus derivaciones llevaron a  potenciar y sacar en cada uno de nosotros nuestra capacidad de resiliencia y nos aportó diferentes herramientas que no sabíamos que contábamos para superar la depresión, los miedos, etc. Por otro lado, no se puede dejar de considerar, que desde lo familiar se vuelve a recuperar un poco más de autonomía, de independencia,  de cada uno de los miembros de la familia. Los adultos van a poder volver a estar un poco más enfocados en su trabajo, en sus obligaciones. Los niños y adolescentes volverán a tener sus espacios personales en sus actividades y en su relación con sus pares con una cercanía e intimidad que perdieron por meses.

Por todo lo señalado, bienvenido el inicio de clases, a darse desde el próximo lunes.

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