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En medio de un mercado complejo y difícil. Con miles de millones de vacunas en danza de diversos laboratorios del mundo. Con notorios problemas de producción y distribución de las dosis a los países compradores. Con una competencia atroz entre los más ricos y pobres del planeta.

Con las preferencias de aseguradas para los más poderosos y que pagan al contado. Con las aprobaciones internacionales  de emergencia y provisorias exigidas por las circunstancias, de la expansión y mortalidad de la pandemia. En este contexto de la novela de las vacunas anti covid-19 el gobierno uruguayo se manejó en silencio, sin aspavientos, con discreción para asegurarse la compra y entrega de las mejores vacunas en el menor tiempo posible.

Y así fue, trascendió  al principio que la llegada de las dosis serían en el primer trimestre del año en curso, de las compras directas a laboratorios seleccionados y luego por el sistema Covax, implementado por la OMS, las dosis adicionales para los países menos poderosos del mercado. Más tarde, se aseguraron públicamente las compras correspondientes y se anunció que a fines de febrero y comienzos de marzo llegarían las primeras partidas, unas 400 mil dosis de un total de casi 4 millones a ser entregadas en el correr del año, en plena vacunación. No hubo locuras ni corridas, o descontrol, por los tiempos del operativo de inmunización mientras que las noticias internacionales daban cuenta que todos los países de América del Sur habían empezado con sus respectivas vacunaciones, y Uruguay era el único y el último en hacerlo, si las dosis llegaban en tiempo y forma. La oposición ponía leña al fuego poniendo en duda la llegada de las mismas, se regordeaba con la supuesta falta de sensibilidad y eficiencia en las gestiones del gobierno multicolor, politizaron la cuestión a niveles vergonzantes, señalaban los contagios y los muertos in crescendo de los últimos días. Pero, tal como había sido anunciado oportunamente, el jueves a la noche (a finales de febrero) llegaron al aeropuerto de Carrasco y provenientes de China las primeras 192 mil dosis de la vacuna Sinovac comprada. Y ya pasado mañana, el lunes 1° de marzo comenzará el operativo de vacunación en todo el país de acuerdo al plan perfectamente organizado. Todo se cumplió de acuerdo a lo previsto, sin fanfarria ni fuegos artificiales, ni mentiras ni postergaciones, con firmeza y paciencia. Se estima que el plan de vacunación será a razón de 30 mil vacunas inyectadas diariamente a un ritmo de 600 mil mensuales. En el correr de los próximos días igualmente llegarán más dosis chinas, además de las partidas de la británica Pfizer, por lo que el operativo de vacunación seguirá ininterrumpidamente su curso. En tres meses, en junio próximo, estará vacunada la población necesaria (60%) para generar la inmunidad de rebaño. Para entonces, se dará cumplimiento la vieja máxima que “el que ríe último, ríe mejor” o la fábula de Esopo de la carrera entre la tortuga y la liebre, porque Uruguay el último de la región que empezó a vacunar sería el primero en lograr la inmunidad de la población; los otros países y a ritmos diversos continuará largo tiempo vacunando a sus habitantes, por problemas de stock, logísticos o sencillamente por la cantidad millonaria de personas involucradas. ¿Y ahora qué dirán? Chapeau para el gobierno multicolor y Lacalle con su gabinete que hicieron las cosas como correspondían, sabiendo las limitaciones del país, la espalda financiera necesaria, para hacerse de las más de 4 millones de dosis aseguradas para el año en curso. Sin prepotencias ni triunfalismos, sin soberbia y con humildad, de todos los involucrados en el tema de la pandemia, las vacunas y la vacunación. Así se hace y los contras de siempre que aprendan mirando con la ñata contra el vidrio.

 

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