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Sesenta mil toneladas de arroz es mucho. Muchísimo, de esta zafra que se entregarán entre este mes de abril y el próximo, o sea mayo, a Irak en dos barcos que llevarán en sus bodegas sin contenedores por lo que el costo de fletes será menor. Uruguay ganó esa licitación, algo que le hace mucho bien, pero por suerte son muchos "los bienes" que se vienen logrando con el arroz.

Alguna vez, el ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca de Mujica, Tabaré Aguerre, dijo que el arroz era una cadena virtuosa en el Uruguay. Pura verdad. Medio oriente siempre es un destino apetecible, vaya si lo será, entre otras cosas por ser lejano y estable, entre otras cosas por lo que pagan, volúmenes importantes de dinero. Medio oriente para Uruguay es siempre un objetivo y esta vez se alcanza, junto a otros buenos negocios que se han hecho que incluyen a Brasil. El arroz uruguayo no solo es bueno si no que se paga a precios razonables en tiempos de pandemia y hay que buscar en razones sanitarias y sociológicas. Por ejemplo, las que indican que al quedarse la gente en la casa cocina más, y el arroz es uno de los platos estrellas en diferentes culturas. Se van achicando los volúmenes de arroz en el país y eso es una muy buena noticia, que además alienta a la inversión, al crédito con respaldo, rezando siempre para que el agua llegue del cielo como necesita este cultivo.

El arroz mueve una cadena logística notable que debe valorarse y comienza a ser un pilar de la economía. Quizás no tenga tanta prensa como la celulosa o la carne, o los lácteos, pero ese motorcito oriental presente es siempre un dinamizador de varios rubros como el transporte y los cientos de productores que en todo el país dicen presente.

Brasil juega un papel trascendente en todo esto, conviene decir y profundizar. Desde mediados del año pasado aumentó sus importaciones desde el Uruguay y mejoró los precios. Lo que decimos, la gente se queda en la casa y vuelve a la alimentación hogareña donde el arroz tiene su lugar de preferencia. Brasil también es un gran productor de arroz, exporta e importa en ambos casos en buenos niveles por lo que hay que estar siempre atentos al gigante norteño. Los propios productores arroceros brasileños recibieron mejores precios por su producción lo que se trasladó a la importación. Otro comprador de arroz uruguayo es Venezuela, aunque no parezca, se han vendido volúmenes interesantes al siempre complicado país caribeño.

No dejemos de mencionar en este análisis el aporte técnico del INIA, Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria mejorando variedades y rendimientos. La inversión en investigación siempre es clave para poder alcanzar mejores rendimientos, un país sin investigación vive a la deriva de tecnologías y técnicas foráneas. Por suerte en el Uruguay los gobiernos de todos los partidos políticos han respetado la independencia técnica del INIA y esto le ha dado muy buenos resultados a todos. El arroz es un ejemplo que subraya el valor de invertir en el estudio de la producción.

Sabemos que queda mucho por crecer en el sector pero los vientos han cambiado. Hay un numerito allá adelante, se habla de volver a alcanzar las ciento ochenta mil hectáreas sembradas del grano. ¿Será posible? Lo veremos. Hoy es posible, hoy los vientos han cambiado y el arroz presenta otras buenas perspectivas que hacen de ese dato algo posible. Capacidad y logística para alcanzarlo hay, productores decididos también, han habido avances en el costo del combustible para las chacras, se buscan alternativas con otras fuentes energéticas. Quizás la pandemia no entrega solo malas noticias. El arroz podría aprovechar la coyuntura para un (necesario) despegue.

 

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