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La semana que pasó dejó la muerte de varios hombres que hicieron mucho por Salto. En este caso vamos a referirnos al ex edil y presidente de la Junta Departamental Alberto Villas Boas. Villita, como se lo conoció, vivió su vida con tres objetivos: sus hijos, su Partido Colorado y su trabajo en la OSE.

Tuve la suerte de conocerlo compartiendo espacios en el Colegio y Liceo Sagrada Familia donde iban sus hijos varones y mi hija. Siempre dialogamos de todo, a sabiendas de mi tendencia izquierdista. Eso obró en un respeto que se profundizó en amistad cuando debimos compartir la rara experiencia de una Junta Departamental en manos de la oposición y liderada por el Partido Colorado y el gobierno que yo integraba en manos del Frente Amplio.

Alberto tuvo muy claros sus objetivos en la vida y trabajó y obró por ellos. No claudicó jamás pero supo darles el lugar y el tiempo necesario. Tenía en el alma a su Partido aún a sabiendas de los errores que todas las construcciones humanas cometen. A veces, en el intercambio, yo lo "alababa/atacaba" diciéndole que era el único colorado bueno. Él se reía y me decía que eran muchos más los colorados buenos, en esas idas y vueltas que la amistad y la confianza generaban.

Cuando llegó a la presidencia de la Junta Departamental de Salto tuvimos varias reuniones con él, a veces con el intendente, a veces él y yo, llamadas, acuerdos. Entendía todas las vueltas de la política, a todos los partidos y los perfiles de quienes los representábamos. Me acuerdo de mi ansiedad por un proyecto de decreto que enviamos desde el Ejecutivo Departamental y cuando lo llamé me dijo, "dejame sarandearla que tengo que dejar contenta a la tropa. Va a salir pero dame tiempo", como haciéndome entender que tenía que hacer lobby con los votantes del proyecto, por más que fueran de los suyos. En eso era un maestro.

Recuerdo que pusimos en el tapete la idea de homenajear a Malaquina nombrando parte de la Costanera con su nombre, lo que luego seguiría con la Avenida Líber Seregni y el Barrio Manuel Oribe. En realidad lo que logramos fue poner a funcionar luego de lustros la comisión de nomenclátor de la Junta Departamental. Lo logramos, nosotros desde el Ejecutivo y él desde el Legislativo. No fue poco en tiempos de crispación política. No lo hubiéramos logrado sin Villita.

Me comentan que en su trabajo en el ente público fue fiel a sus principios pero ayudó a muchos que estaban complicados sin mirar jamás a quien votaban, aún a sabiendas de que no todos los que ayudaba eran colorados.

Disfrutó mucho los logros de sus dos hijos, me contaba de las travesuras de sus nietos y de que se había ablandado lo que no era cierto porque nunca fue duro, al contrario, siempre fue maleable en el sentido de adaptarse a las circunstancias para ser mejor y ayudar más que era lo que quería.

Luego de dos años se planteó un cambio en la presidencia de la Junta Departamental con la llegada de Alberto Subí al que no conocía. Villita me allanó el camino, me dijo "no vas a tener problemas con Alberto, es más, con vos se va a entender a la perfección", lo que terminó ocurriendo aún en el entendido que luchábamos por lemas distintos, pero con objetivos comunes. Así logramos destrabar edificios, proyectos, decretos que Subí asumía pero yo no olvido que atrás tenía el camino asfaltado por Villas Boas.

Naturalmente que a su familia el abrazo enorme en la certeza que dejó un vacío durísimo por ser como era. Nos queda a los muchos que lo tratamos el recuerdo de un hombre cumplió todos sus objetivos y se va sin cargos de conciencia, que en los tiempos que corren no es poco.

 

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