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Ojalá la pasada semana haya sido la peor de la pandemia. Uruguay pasó a ser el país del mundo con más contagios de Covid por millón de habitantes. Lejos quedó el momento de nación ejemplar. Decir que así se salva la economía puede ser una condena de muerte. Lo dicho no es una ocurrencia de este maestro de escuela jubilado. Es la sentencia que proclamamos miles de uruguayos y que emite el mundo todo. La gente se contagia, enferma y muere, mientras el sistema de salud se resquebraja, sus trabajadores se agotan, el pueblo tiembla y el gobierno no cambia el rumbo.

“Uruguay tiene que seguir funcionando. La gente tiene que seguir comiendo. Si Uruguay toma medidas de restricción muy bruscas, hay gente que no va a llegar a comer. Cuando se mueve  la perilla de la salud hay que ver cómo se mueven otras perillas que también afectan la salud(...) Una persona que pierde el trabajo y se deprime también va a estar enferma”.

La descarnada , pero aparentemente sincera sentencia, es atribuida por El Observador a Leonardo Cipriani, presidente de ASSE, hablando al salir de una reunión con Lacalle. Se estima que el funcionario dijo más de lo que dice el propio mandatario, pero que confesó que no puede pararse la economía...

 ¿A qué costo? ¿Pagando en vidas humanas? ¿Con una estrategia de general acorralado, que sacrifica sus tropas por defender una posición?Rotundamente NO.

No es una guerra. Es una lucha contra una enfermedad, que se da para salvar vidas, no para perderlas. No es cierto que haya que defender la salud a costa de no comer. El gobierno sabe y puede defender la vida de su pueblo, restringiendo la actividad y con ello la movilidad, mientras las vacunas hacen su efecto. No es verdad que restringir la movilidad lleve al hambre, aunque favorecer la actividad como hicieron con el turismo del Este, pueda llevar a más contagios. El gobierno puede frenar acciones NO ESENCIALES de la movilidad, como hizo a regañadientes con la educación, y bajar la circulación. 

Los escolares y estudiantes no cobran para asistir, por eso no cuesta dinero pararlos. El pueblo trabajador para comer, según el gobierno, tiene que tener actividad aunque enferme y el virus se derrame como leche hervida. NO ES VERDAD. El gobierno sabe que puede sostener parte del sustento de los trabajadores no esenciales con subsidios, mientras DEFIENDE SU VIDA.

No alcanza con sacarle plata a los públicos y jubilados. Quedaré ronco de gritar que puede hacerse más, si en lugar de sacrificar vidas humanas, se utilizan recursos de quienes tienen más. Un solo ejemplo basta. Si la coalición multicolor vota el impuesto a las colocaciones de uruguayos en el extranjero, se recaudaría lo suficiente para pagar CINCUENTA MIL salarios de 18.000 pesos durante TRES MESES. Nadie vivirá holgado, pero es una crisis mundial, donde salvar la vida es la clave, aunque no haya cigarrillos, cervezas, ni cambio de vestimentas.

La propuesta de Danilo Astori no es el único camino. Más de un hombre público ha hablado de otros recursos. Pueden ser extremos, pero ¿qué hay más extremo que perder la vida.?

Para quien muere, se termina el país, aunque éste se haga rico....

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