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En todos lados la discusión fue entre muertes por Covid y estado de la economía como resultado de las cuarentenas más estrictas. El desarrollo y contagiosidad del virus siguió siempre su curso independiente de las medidas tomadas por los países y ciudades del mundo. La multiplicación de los contagios y el aumento dramático de los muertos fue una tragedia que vivieron todos en grandes olas, estacionales y periódicas, hasta que el los países desarrollados y por efecto de la vacunación los números empezaron a cambiar y a disminuir la cantidad de enfermos y muertos.

Por cierto que la limitación de la actividad, la suspensión de lo público y masivo, le costó a los países montañas de plata en subsidios y prestaciones especiales al tiempo de astronómicas pérdidas en la caída de la producción y consumo de las economías planetarias. El sufrimiento y estrés económico se dio en los países ricos y cuanto más en los pobres, con recursos escasos y vacunas limitadas. Pero lo ciento que en ningún lugar se apreció significativamente el desarrollo de la enfermedad vinculada al aislamiento total de la población y la prohibición absoluta de la movilidad.

 

Primero que semejante escenario nunca fue posible en un 100 por ciento estricto aún con la presencia de las fuerzas armadas, si fuera el caso. No se cortaron los contagios ni bajaron los muertos necesariamente en cantidades proporcionales al costo y esfuerzo de las medidas de aislamiento y movilidad.

 

Por supuesto que en el primer mundo el dinero de los acaudalados y su capacidad de recaudación estuvo al servicio de los efectos de la Covid-19 y sus efectos sobre la sociedad y la economía. El asunto no ha pasado desapercibido, los daños, los perjuicios y el lucro cesante son mayúsculos, pero se podrá volver a la nueva normalidad a la brevedad, y en efecto ya están en camino.

 

En los países pobres o en vías de desarrollo, como los nuestros, las situaciones son cambiantes. Hay desastres monumentales, con cientos de miles, millones de contagiados y muertos desde que comenzó la pandemia en nuestros lares, más tarde que en China y Europa, pero también hay situaciones relativas, males vividos con paciencia, prudencia, dientes apretados y esperanzas en lo denominado por Luis Lacalle como la “libertad responsable”.

 

En Argentina, el año pasado cuando las cosas se pusieron feas, comenzaron con las cuarentenas, por 15 días, luego 30, después pasaron a 2 meses y terminaron casi en un semestre de confinamientos, retenes viales, suspensión de actividades no esenciales. Tuvieron un intermezzo y con vida normal, a pesar del enorme daño sufrido, para volver ahora a las restricciones totales que se van ratificando a través del tiempo y de manera indefinida, al mismo momento que el número de contagiados supera largamente los 30 mil casos  diarios y los muertos llegan a más de 70 mil en total. Desde luego que las medidas se cumplen apenas parcialmente, no se pueden cumplir sin violencia, militares en las calles y toques de queda nocturnos, establecer las condiciones ideales para que el virus no pueda desarrollarse y circular libremente entre la ciudadanía urbana y rural de todo el amplio territorio argentino.

 

Y en Uruguay, con mucho menos población, los contagios diarios, los nuevos casos, la acción de las variaciones mutantes del virus, la saturación de las camas de CTI, la mortalidad de la enfermedad, son una afrenta a la moral y conciencia nacional. Pero se han tomado todas las medidas razonables y necesarias, de las 27 recomendaciones del GACH al gobierno se aplicaron explícitamente 24 de ellas, el MIDES, BPS, MTSS, MEF y BROU actuando a full para mitigar la situación y colaborar en el sufrimiento de los afectados directa e indirectamente. La población por su parte actuando en la delgada línea roja entre la audacia, desprotección, peligrosidad contrastada con las medidas necesarias de control y seguridad de la propagación del virus. ¡Es lo que hay!

 

Pero resulta que la oposición le tira los muertos directa y frontalmente al gobierno multicolor, es una cuestión de política. Y todos, desde Mujica hasta los senadores progresistas, y ahora hasta el ex presidente del SMU, Dr. Trochansky, milintante confeso del FA, hablan como si Lacalle y sus socios tuvieran la culpa concreta de la cantidad de muertes ocurridas hasta ahora. Así nomás… ¡Como no hay blindaje aplicado, no hay motor apagado a la fuerza, ni hay medidas prontas de seguridad, ni calles y rutas cortadas, ni transporte cancelado, apagón económico, cuarentena, aislamiento, nula movilidad asegurada militarmente, entonces, la culpa es liberal y la resistencia es progresista! Muy fuerte e inadmisible.

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