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José Enrique Rodó nació en Montevideo el 15 de julio de 1871 y falleció en Palermo (Sicilia) el 1º de mayo de 1917. Al cumplirse el sesquicentenario de su nacimiento, lo recordamos como el hombre de un inigualable espíritu liberal, democrático y republicano, heredado de la tradición de José Gervasio Artigas, Fructuoso Rivera y Joaquín Suárez.

La dimensión de su talento quedó nítidamente establecida a partir de la publicación de “Ariel” en el 1900, que tuvo una resonancia amplísima en el mundo de habla hispana. Mereció reconocimientos tempranamente, tanto como escritor como político. Fue uno de los fundadores del “Club Libertad”, que buscaba la unificación del Partido Colorado a principios del siglo XX. Resultó electo Diputado más de una vez, convirtiéndose en uno de los principales integrantes de la generación del 900.

Como legislador colorado predicó en 1901 su verbo liberal y humanista al decir "Nosotros aspiramos a ser hoy también, y a ser para siempre, como fuimos dentro de los muros de Montevideo, un partido cosmopolita; no ciertamente porque desconozcamos ese noble y pundonoroso sentimiento de altivez nacional, que se inspira en la pasión de la patria, y del que el Partido Colorado ha dado a la historia de la República los más altos ejemplos; pero sí porque consideramos que la comunidad en el culto de los principios liberales, alma de la moderna civilización, pueda dar lugar a vínculos tan fuertes como los del común origen, y enaltecemos, por encima de toda idea exclusivista de nacionalidad, la idea, más amplia y generosa, de la solidaridad humana".

Este excepcional tribuno expresaba en 1907, refiriéndose a hechos históricos, que “… quien sea capaz de llegar al alma de los hechos, percibirá que la significación de la conquista de las Misiones es inmensamente mayor: a punto de que no hay, en el transcurso de los acontecimientos que se abren con la cruzada de 1825, página que más sin reserva podamos vincular al hecho de nuestra definitiva independencia, de nuestra constitución como nacionalidad…”.

Agregaba Rodó “No cae sobre la memoria del general Rivera una gota de sangre que no haya sido vertida en el campo abierto de la lucha. De todos los caudillos del Río de la Plata, contando lo mismo los que le precedieron que los que vinieron después de él, Rivera fue el más humano; quizá, en gran parte, porque fue el más inteligente. En lid con enemigos desalmados y bárbaros, nunca fue capaz de una represalia cruel. Aquel inmenso corazón belicoso era un inmenso corazón bondadoso. Había para él una satisfacción aún más alta que el goce de vencer, y era el goce de perdonar…”. Publicó en 1913 el Mirador de Próspero, donde escribió "Yo, que he participado, y aún participó, de esta fe en el sublime magisterio de la palabra de los poetas, creo, antes que en ninguna otra cosa, en la libertad...".

Trabajó intensamente por la justicia social, no sólo defendiendo con ardor a los obreros, sino respaldando a los empresarios al afirmar “… si hay algún género de capital que merezca particularmente respeto, él es sin duda el capital empleado en la industria; porque, lejos de sustraerse con pusilanimidad y sordidez al movimiento de la vida, para granjear un beneficio sin riesgos, representa un espíritu de iniciativa y de empresa que concurre al fomento de los intereses generales, afrontando, más de una vez, la contingencia de la ruina". Rodó pensaba que, "en las mayores tribulaciones de la patria; frente a los más formidables peligros y a las más tremendas responsabilidades, el viejo partido de Rivera buscó siempre la luz y el camino por medio de la espontánea y libre manifestación de las ideas...

Sin duda, ha sido un acierto del gobierno recordar muy especialmente a esta personalidad fundamental de la cultura uruguaya de finales del siglo XIX y comienzos del XX en el “Día del Patrimonio” bajo el lema “Las ideas cambian al mundo”.

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