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El fin de semana pasado explotaron las plazas o los espacios públicos en general en Salto. Un caso emblemático es la plaza de los Treinta y Tres, que es un espacio hermoso, céntrico y que alberga a muchas familias de todo Salto. Hay una malla cuidando un espacio alrededor de la fuente más cercana a la calle Juan Carlos Gómez que llega al césped y obliga a pasar por este rumbo al centro de la plaza. Por lo demás muy linda.

Hay una nueva costumbre en los salteños que es correr los bancos para juntarlos y charlar más cerca en forma amena. No debería ser la costumbre porque por algo están armados así; lo otro es que esperamos que no sean los placeros los que luego tengan que volverlos a su sitio sino quienes los llevaron hasta ahí, porque si algo se cambia debe ser puesto como estaba antes de retirarse, de lo contrario se sobrecarga a los obreros municipales, además al sacarlos de lugar se dejan obstáculos innecesarios para la gente que tiene problemas de visión, o los que andan con andadores, bastones o sillas de ruedas. No está demás pensar en los demás, y ser responsables.

Los números que están saliendo del monitor educativo del Instituto Nacional de Evaluación Educativa dicen que bajó la repetición en UTU, o sea en el Consejo de Educación Técnico Profesional, seguramente tomando las nuevas formas de evaluación por la pandemia en la medida que el año pasado, el 2020, fue muy especial por todo lo que ya sabemos. En 2020 repitió el diez por ciento el Ciclo Básico y el doce por ciento el bachillerato. Uno de los problemas grandes que siguen siendo el nudo a resolver es que en los primeros tres años de la UTU abandonan nada menos que el siete por ciento en tanto que entre cuarto, quinto y sexto abandonan el 21 por ciento. 

Ahora, si miramos las carreras específicamente hay una deserción llamativa que es la de los alumnos de la construcción que dejan antes de culminar la tecnicatura entorno al 28 por ciento. Según algunos de los consejeros de UTU acá pasa por el trabajo, es decir, las empresas de la construcción se llevan a los gurises que se están formando y estos, ante la propuesta de trabajo abandonan y se van a trabajar. No es tan malo pero deja a un montón de muchachos sin su diploma de finalización de la carrera, pues en la medida que van haciéndose de un peso no piensan en seguir formándose. Una pena. Quizás sería cuestión de conveniar con la Cámara de la Construcción para que aún trabajando puedan seguir los cursos, aunque sea on line, a partir de lo cual la capacitación sea parte del trabajo mismo.

 

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