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Las encuestadoras son empresas mercantiles de investigación de opinión pública a través de metodologías estadísticas bastante confiables si son aplicadas de manera correcta en espacio, tiempo y tamaño, pero que, además, juegan un rol de “marketing” con el uso (y, especialmente, el abuso) de los datos obtenidos, las más de las veces falseándolos en beneficio de sus clientes.

Las encuestas pueden influir en los resultados electorales de tres maneras. Es decir que hay tres situaciones que las firmas encuestadoras a toda costa deberían tratar de evitar por una cuestión de mínima ética: 1. Generar tendencias en la opinión pública a favor o en contra de partidos o candidatos. 2. Generar en los militantes entusiasmo o desánimo. Esto es decisivo en situaciones de paridad y en elecciones no obligatorias como las internas: rápidamente los liderazgos pierden “dirigentes exclusivos” que comienzan a abrir listas con sus rivales “por las dudas”. La consecuencia es obvia. 3. Generar “riqueza” o “pobreza” financiera, con todo lo que ello significa en una campaña electoral.

Las encuestas deben ser un reflejo objetivo de la realidad preelectoral, de ninguna forma una influencia a jugar a favor o en contra de determinados candidatos o partidos. Estos deben lograr presencia pública, entusiasmo militante o apoyo financiero por su militancia, sus ideas y su capacidad de lograr la simpatía del pueblo, como debe ser en una democracia; no por la acción de las encuestadoras.

Las encuestas no ganan elecciones, eso está claro. Pero conforman escenarios, motivan militantes y dirigencias y generan recursos de campaña. No es poca cosa. Por tanto, su rol es bien importante. Y mucho más lo es su ética, un concepto cada vez menos común en el hábitat político. Por si alguno no lo tiene claro, en la ética lo correcto siempre es más importante que lo rentable. Aunque no siempre deben ser opuestos, claro está. Pero, en el Uruguay de estos días, en la lucha por el poder como máximo (y a veces parecería que único) objetivo, la ética no parece estar entre los medios para lograrlo…

Las empresas que se autodenominan “profesionales” (CIFRA, EQUIPOS, FACTUM, OPCIÓN) se caracterizan no por sus aciertos, sino por sus errores. Tabaré Vázquez, que siempre se dijo perjudicado por encuestadoras y medios por igual, hizo célebre su afirmación sobre la Consultora Equipos al afirmar que al cortarle los multimillonarios contratos con el Estado le bajaron 10 puntos a su gestión.

En las internas del 2009 ni una de ellas acertó los resultados ni de los partidos, ni del total de participación. la única que sí lo hizo en todos los casos fue mpc. Bottinelli (FACTUM) como explicación sostuvo que “la gente le mintió” a sus encuestadores. En las internas del 2019 la que le daba más a Cabildo Abierto le daba 5000 votos. Solo MPC pronosticó los 50.000 que finalmente sacó.

Ni hablar a nivel de las elecciones departamentales en las que invariablemente la humilde y censurada MPC las supera y en mucho en pronósticos correctos: en 2010 pronosticó los 19 intendentes electos, en 2015, 18, y en este 2020 pronosticó correctamente 18 intendentes y 123 de 125 alcaldes. Sin embargo, el actual Gobierno multicolor sigue privilegiando a estas mismas encuestadoras y sigue también censurando a MPC. Porqué?

Estas empresas son tan solo herramientas del sistema institucionalizado de mentiras (SIM) que hace mucho se impuso en el Uruguay. pero el rol que se las lleva a jugar tiene un “talón de Aquiles”: el continuo desprestigio que sufren y que claramente cambian por dinero. y sin prestigio, no van a servir para seguir cumpliendo su rol fundamental. hoy, su único “sustento” ante la opinión pública son los medios en los que están con los cuales alcanzan su objetivo de conformar escenarios, desalentar militancias y empobrecer rivales de sus clientes. amén de hacer mucho dinero, obviamente…



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