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Días pasados, en un programa de la tarde en un canal de Montevideo, que retrasmite un programa de chimentos y supuestos espectáculos de Buenos Aires, estuvieron un buen rato, o todo un bloque y quizás más pero cambiamos, hablando del problema conyugal de, creemos, un cantante y una actriz, o esa gente que va al programa de Marcelo Tinelli y se insulta con los jurados para hacerse famosa.

Lo que nos llamó la atención es que el tema central del "debate" era que el varón habría dejado de pagar el alquiler del apartamento en el que otrora vivían ambos y estaba por llevarse adelante, o sea que era inminente, el desalojo de la actriz, o supuesta actriz. Casi que les daba ganas de seguir en directo tal hecho que por más que sean personajes menores no dejan de vivir una tragedia como es en la vida de todas las personas una separación seguida de las vicisitudes que implica el perder el hogar, por más que sea alquilado. Bueno amigo lector, las opiniones de los panelistas rayaban el absurdo y la ordinariez a cada rato, pero la base, y lo que nos llama la atención, es que se profundizara en una situación tan compleja que es absolutamente personal o del núcleo íntimo. Faltaba regodearse en los problemas de la gente, faltaba festejar la separación y el desalojo.

Del otro lado nos preguntamos a nosotros mismos, como espectadores, periodistas y técnicos del área social cómo es posible que se haga un programa de tan menguados recursos, y que además haya un canal de Montevideo que lo compre y que encima lo venda. Porque lo vende vía anuncios. Es increíble la liviandad de algunos programas de la televisión argentina y que nosotros los consumamos como que "es lo que hay que ver". Hemos vistos en los mismos canales de la capital preciosos programas en la mañana, en uno con una entrevista muy profunda y llena de contenidos al Padre Mateo Méndez, un luchador incansable de la inclusión social. Pero al ver esto se nos vino el alma al piso, la verdad que nunca pensamos que se pueda caer tan bajo.

Indudablemente que hay un público que consume ese engendro, y quizás más temas así, pero también hay que decir que ha sido acostumbrado por esas empresas televisivas que venden cualquier cosa. Hay una canción nueva de Ricardo Arjona, “el blues de la notoriedad”, que habla de eso, de que a veces es más importante un buen escándalo que cantar bien. Tiene toda la razón.

Vayamos ahora al hecho en sí, al problema de la separación y el posible lanzamiento por desalojo de la dama de la pareja, o ex pareja. Imagine usted amigo lector que vive eso, o uno de sus hijos, ¿le gustaría tener un móvil en la puerta que le haga el seguimiento del tema? Es de dudoso gusto, es indeseable y es meterse en la intimidad de la gente. ¿Cabe tanta ordinariez en un programa que mueve miles de dólares en su producción, para eso? A veces no nos damos cuenta de la sociedad que hemos construido y que los problemas que nos aquejan son hijos de la construcción que como personas hemos hechos de nuestras relaciones sociales, de nuestro mundo, de nuestra atención, de nuestro consumo. Es cierto que en nuestros países existe la libertad de expresión, de pensamiento y lo asumimos y defendemos. Tiene todo el derecho el canal argentino de producir eso, pero el consumidor debería tener las barreras más altas, no agarrar "lo que venga" porque es bravo crecer culturalmente así. Una sociedad debe cuidar su cultura porque es la que lo va a defender de cualquier cosa que venga de afuera y no esté a la altura, le va a cuidar su patrimonio, sea tangible o intagible, su identidad. Esta es la tierra de Rodó, de Horacio Quiroga, de Ida Vitale, de Zitarrosa, es la tierra de varios premios Cervantes, de Marosa y Víctor Lima, de Juceca. Cuesta creer que consumamos algo tan insulso y encima todos los días.

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