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Ayer 13 de enero se celebró el Día Mundial de Lucha contra la Depresión, un trastorno emocional que afecta a más de 300 millones de personas en el mundo, siendo considerada como la primera causa mundial de discapacidad. Un estado que notoriamente se ha agravado con la situación que generó la pandemia del Coronavirus, lo que se vio reflejado en nuestra comunidad.

Se estima que solo en América Latina, cerca de 50 millones de personas viven con depresión, cifra que se estima se ha agravado ante  la actual pandemia del Coronavirus y sus diversas cepas y sus consecuencias económicas, laborales y sociales y un alza preocupante en los episodios de autoeliminación.

Se debe tomar conciencia de que la depresión nos afecta a todos, ya que no discrimina por edad, raza o historia personal. Puede dañar las relaciones, interferir con la capacidad de las personas para ganarse la vida, y reducir su sentido de la autoestima. Sin embargo, también se puede sostener que incluso, la depresión más grave se puede superar con un tratamiento adecuado. 

Una de las barreras para buscar ayuda médica - asistencial son los prejuicios y la discriminación. Porque debemos admitir que hay , lamentablemente, un estigma asociado con la enfermedad mental.

Se estima que América Latina,  7 de cada 10 personas con depresión no reciben el tratamiento que necesitan, lo que implica severos riesgos ya que  hay fuertes vínculos entre la depresión y otros trastornos y enfermedades no transmisibles. Se sostiene que la depresión aumenta el riesgo de trastornos por uso de sustancias y enfermedades como la diabetes y las enfermedades del corazón, por lo que es un problema de alto riesgo, a lo que se suma el suicidio, un problema al alza desde hace algunos años en Uruguay, alcanzándose una media similar a los países del primer mundo.

Se entiende que una mejor comprensión de la depresión y cómo se le puede y debe tratar, es sólo el comienzo de enfrentar y llegar a soluciones de esta problemática. Por lo que se entiende que detectada debe ser el centro de una serie de asistencia y tratamientos , que se debería basar en la ampliación sostenida de los servicios de salud mental  para hacerla mas accesibles para todos.

La depresión es un trastorno mental frecuente, que se caracteriza por la presencia persistente de tristeza y una pérdida de interés en actividades que las personas normalmente disfrutan, acompañada de una incapacidad para llevar a cabo las actividades diarias, durante 14 días o más.

Además, los pacientes con depresión normalmente padecen varios de los siguientes síntomas:  pérdida de energía; cambio en el apetito; dormir más o menos; ansiedad; concentración reducida; indecisión; inquietud; sentimientos de inutilidad, culpa o desesperanza; y pensamientos de automutilación o suicidio.

La realidad es que en la mayoría de los países, no hay, o hay muy poco, apoyo disponible para las personas con trastornos de salud mental. Incluso en los países de ingresos altos, casi el 50% de las personas con depresión no reciben tratamiento. En promedio, sólo el 3% de los presupuestos de salud de los países se invierte en salud mental, variando de menos del 1% en los países de bajos ingresos al 5% en los países de altos ingresos.

El tratamiento por lo general implica una psicoterapia o medicación antidepresiva o una combinación de los dos. Ambos enfoques pueden ser proporcionados por trabajadores de salud no especializados, siguiendo un curso corto de capacitación. Todo lo que implica un desafío y compromiso que hasta el presente no se ha encarado ni tratado como seria deseable, agravado porque la pandemia genero mas casos de depresión lo que en la mayoría de los casos no se trato, con una asistencia limitada, por la prioridad obligada de atender los casos de coronavirus y de un sistema que en materia de salud mental, aun tiene muchos debes que se arrastran desde hace muchas décadas.

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