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La Historia, como crónica de la evolución humana, es una moneda con dos caras. Cierto es que por lo común la escriben los ganadores, pero realmente la hacen los eternos perdedores: el pueblo trabajador, el intelectual comprometido, el político sensible y valiente. En las páginas más olvidadas de la Historia se encuentran miles de millones de seres humanos que con su esfuerzo cotidiano producen la riqueza que algunos pocos privilegiados disfrutan. ¿Cuán grande es la brecha entre ricos y pobres? La diferencia de ingreso per cápita entre Suiza y Mozambique, por ejemplo, es de 400 a 1 (a favor de los europeos, obviamente), a pesar de que el país africano es mucho más grande y más rico en recursos.
Se sabe que la riqueza es un imán irresistible y la pobreza un contaminante incontenible.

Están indisoluble y conflictivamente unidas, y la paz y la prosperidad de la humanidad depende de esa ecuación. En nuestro país, más allá de lo que nos mentían los gobiernos progresistas, la pobreza no baja de, por lo menos, un tercio de la población. Según el último Censo de Población del INE, 46% de los niños uruguayos tienen alguna NBI. La UDELAR es más categórica: 49.2% de los niños viven en hogares pobres según la máxima casa de estudios del país. Según LATINOBARÓMETRO (noviembre 2019), 42% de los uruguayos se autodefinen pobres, con un 17% que sostiene que no come lo suficiente para vivir.

Cómo puede entenderse esto en un país capaz de generar 50 mil millones de dólares de PBI y de haber tenido ingresos en la última década de más de 150 mil millones de dólares? Sé muy bien del sufrimiento de esos compatriotas y tengo muy claro cuál es mi lugar y mi deber: ayudar a conocer la realidad para poder cambiarla. A mí no me seduce ningún canto de sirena, solamente la voz del pueblo necesitado.

Estoy plenamente convencido que este sistema económico, social y político profundizado por los gobiernos del Frente Amplio y para nada modificado por lo que va del actual Gobierno, es un perverso sistema porque transforma a los seres humanos en recursos humanos a nivel económico y en funcionales electorales a nivel político. Y en esa lógica de funcionamiento seguramente estará la definitiva destrucción moral, educativa y cultural nuestra sociedad y la futura inviabilidad como país soberano.

Yo lucho por un país que tome de cada uno según su capacidad y le devuelva a cada uno según su necesidad. Es un ideal posible, y mucho más en nuestro Uruguay. No estamos condenados a aceptar resignadamente un país como el que nos están legando. Podemos cambiarlo y debemos cambiarlo.  Hace años que venimos luchando a costa de nuestra propia economía en pro de ese país contra adversarios infinitamente más poderosos que hicieron de nuestra Patria un coto de caza para sus intereses corporativos.

Este 2022 debe ser el año de la reconstrucción y la recuperación de lo que SÍ queremos: un país para todos, con dignidad arriba y regocijo abajo. Especialmente, para las nuevas generaciones. El compromiso con el porvenir es el verdadero desafío a cumplir. Nada más y nada menos.
Sé que muchos me señalarán despectivamente como un idealista sin futuro, un rebelde irredento por lo que escribo y hago y que el Uruguay ya es un caso perdido gobierne quien gobierne. Yo creo que no. No hay nada más fuerte que la voluntad del hombre: para bien o para mal, la Historia está llena de ejemplos que sustentan esa verdad. Porque la voluntad del hombre se sustenta en la valentía para enfrentar los miedos, la sensibilidad para entender el sufrimiento de los más necesitados y el conocimiento para aprender el camino.

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