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Si partimos de la idea del concepto de familia desarrollado por Pichón Riviere (1971) de que la familia es “una estructura social básica que se configura desde el interjuego de roles diferenciales (padre, madre, hijo) siendo la familia el modelo natural de interacción” encontramos los elementos primordiales para analizar su significación en el proceso de desarrollo de las personas.

Dejamos de lado la referencia a un modelo natural, primordialmente biológico y determinista, y nos centramos en la concepción de estructura social básica. Esto nos posibilita analizar las modalidades de producción que el grupo familiar ha desarrollado a lo largo de sus transformaciones, tanto desde el punto de vista histórico como actual. Estas modalidades de producción se refieren tanto a las condiciones materiales que han llevado al desarrollo de distintas estrategias para asegurar la supervivencia, como a las modalidades vinculares intrafamiliares y con el mundo externo, constituidas en una relación que no es lineal sino dialéctica.

Al mismo tiempo, en su evolución histórica, la familia presenta cambios en su dinámica y estructuración a partir del crecimiento de la inserción de la mujer en el mundo del trabajo, el mayor número de familias uniparentales, la mayoría con jefe de hogar femenino, divorcios y nuevas parejas, con inclusión de hijos de matrimonios anteriores; la prolongación de la estadía de los hijos jóvenes y adolescentes, el aumento del desempleo, la mayor longevidad de los abuelos, entre otros factores. La forma actual de familia que conocemos y a la cual pertenecemos se halla en proceso de permanente cambio.

De este modo para comprender el papel que juega la familia en el desarrollo de las personas debemos considerar que, posee un lugar como grupo social, contextualizado en un momento histórico, político y económico determinado. Su función fundamental para los más pequeños y adolescentes es la de red de sostén del crecimiento y desarrollo; sus miembros, para poder cumplir con esta función, deben a la vez estar sostenidos por otras redes del sostén social. Los vínculos de producción social, constituido por las interacciones y el lenguaje, conforman la materia prima de las redes sociales; “la familia” es un concepto construido. Cuando trabajamos es importante considerar que no es “la familia” la que habla sino sus integrantes. Por lo tanto resulta fundamental escucharlos desde su singularidad y no desde el concepto teórico.

La familia constituye el medio en el cual los sujetos en formación reciben las primeras informaciones, aprenden actitudes y modos de percibir su propia realidad, construyendo así los contextos significativos iniciales. De todos modos es necesario advertir que la familia es un punto de partida arbitrario, ya que es al que más fácilmente podemos acceder. Como parte integrante de la red social más amplia es portadora de un sistema de ideas, creencias, valores y actitudes que forma a través de su propia dinámica. Dado que nos estamos ocupando de los aprendizajes y rendimiento, debemos considerar como de fundamental importancia los de vida cotidiana. El sistema psíquico de un niño se constituye a partir de una secuencia ininterrumpida de interacciones recíprocas entre él y el medio. Por otro lado, todos los cambios y novedades que se produzcan en el sistema familiar construirán a producir cambios en los miembros en cada uno de los que lo integran, por lo cual la movilidad y posibilidad de adaptación activa de una familia determinará mejores posibilidades de aprendizaje para los miembros más jóvenes.

El rendimiento escolar, siguiendo esta línea de análisis, es la utilidad o beneficio que un alumno puede tener de todo proceso consciente, organizado, dirigido y sistemático que se expone para su formación integral, pero que en algunos casos experimenta problemas que terminan perjudicando el rendimiento estudiantil una vez que no son resultados a tiempo.

El rendimiento escolar es fruto del esfuerzo y la capacidad de compromiso del estudiante, el conocer y determinar estas variables llevará a un estudio más minucioso del éxito académico o fracaso del mismo. El rendimiento escolar refleja el resultado de las diferentes y complejas etapas del proceso educativo y al mismo tiempo, una de las metas hacia la que convergen todos los esfuerzos y todas las iniciativas de las autoridades educacionales, como lo son los docentes, padres y estudiantes. No se trata de cuantas materias han conseguido memorizar los alumnos sino de cuánto de ello ha sido procesado e incorporado para poder manifestarlo luego en su manera de sentir, de resolver los inconvenientes y hacer o manejar lo aprendido. En todos los tiempos, dentro de la educación sistematizada, los profesores se han interesado en lo que se conoce con el nombre de rendimiento escolar, fenómeno que se encuentra estrechamente coherente con el proceso enseñanza – aprendizaje. Teniendo en cuenta la importancia del concepto de ‘fracaso escolar’ no existe una definición unánime de éste.

Por lo que unir familia, su moderno concepto y sus repercusiones en la educación es tarea central.

 

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