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Luego del resultado obtenido en la elecciones nacionales de 1999 (en torno del 21%), todo parecía indicar que el futuro del histórico partido fundado por Oribe iba a resultar bien complicado.  Sin embargo, tan sólo una elección posterior (en el 2004) se posiciona como el mayor partido del país (si definimos al FA como una coalición), con una estructura muy sólida, un Directorio con pleno funcionamiento, movimientos y grupos bien definidos, con una porosidad inteligente y funcional que permite que los disconformes puedan cambiarse de grupo sin traumas, sin tener que abandonar al partido, y con dos grandes grupos y varios sub-grupos que le permite una situación de “lucha electoral” permanente, con lo que ello significa a nivel de permanencia y crecimiento.



Sin dudas que muchas son las razones que se sucedieron desde entonces, y muchas otras vienen desde el fondo de su larga historia, que explican este “renacimiento” blanco en lo que va del Siglo 20 y que hoy por hoy lo separan bastante de su “compadre histórico”, el Partido Colorado.
Para empezar tan sólo recordaré un hecho que, si bien puntual, fue sintomático de este estado de situación.

En el 2004 se cumplieron 100 años de la Batalla de Masoller, que marcó la derrota definitiva de Saravia (y su posterior muerte). También marcó el nacimiento del Uruguay moderno y batllista.
A todo esto, siempre me he preguntado cómo hubiese sido el Uruguay si hubiese triunfado el “Águila del Cordobés”...

Sin embargo, al cumplirse el centenario de ese hecho crucial en la historia del país, el Batllismo convocó a poco más de 200 personas al Cementerio Central para homenajear a José Batlle y Ordóñez. El Partido Nacional, por su parte, llevó a más de 20.000 personas al, aún hoy, desolado paraje en la frontera con Brasil, para conmemorar al vencido.
Parecía que la historia se escribía al revés: 100 años después Saravia era el vencedor a los ojos de quien no conocía la verdad de los hechos. Ese hecho, para nada pequeño en su significado y dimensión histórica, por sobre todo definía conceptos y situaciones. También estados de ánimo: mostraba claramente a un Partido Nacional vivo, militante, con una fuerte identidad y arraigo de masas. Todo lo que le falta al Partido Colorado de estos tiempos.
Pero, no es la razón de esta nota comparar a ambos PPTT, más allá de este hecho tomado como sustento de análisis.

Un “Partido Nacional” que en realidad es una suma de “partidos departamentales”. Este momento francamente favorable para la enseña celeste y blanca (principal partido del Gobierno, con 15 intendencias y 100 alcaldías, algo que solo MPC pronosticó), tiene una serie de fundamentos bien definidos, algunos de los cuales ya he citado anteriormente: estructura jerárquica aceptada y respetada por el colectivo; grupos fuertes y militantes que atraviesan horizontalmente a la sociedad uruguaya; renovación generacional no traumática, liderazgos fuertes (tanto a nivel nacional como departamental), un grupo de intendentes, alcaldes y diputados con muy buena imagen que suman y mucho a la acumulación electoral, y posibles nuevos liderazgos de las agrupaciones jóvenes que obtuvieron 75 mil votos.

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