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En el año pasado, OpenAI, uno de los principales laboratorios de investigación de inteligencia artificial del mundo, lanzó el generador de texto ChatGPT y el generador de imágenes DALL-E 2. Si bien ambos programas representan avances monumentales también han sido recibidos con reservas y temores. Muchos alertan de que de esa forma, se podría perder el aporte siempre innovador de la creatividad humana.

Pero debemos entender que después de que algo se inventa, casi siempre es mejorable,  por lo que se alientan ajustes y acciones humanas adicionales, como retocar, editar, ajustar, hasta lograr la mayor eficiencia y servicio de la tecnología lograda.

Podríamos argumentar que al liberarnos del trabajo de  ejecución de nuestras ideas, nos podríamos concentrar en tenerlas y describiéndolas a una máquina de Inteligencia Artificial, esta culminaría su diseño y procederá a su construcción.  

Pero lógicamente la Inteligencia Artificial aplicada en diversas actividades por  medio de robots tiene una limitación básica; entre ideas y realización, hay un hilo conductor, donde el ser humano es irremplazable.

Hablamos del trabajo de hacer algo real y trabajar a través en sus detalles lo que tiene valor, desde el momento de imaginarlo hasta el concretar finalizar la obra. 

Porque, si se quiere, el proceso de ejecución es un regalo que permite a los artistas, artesanos, sea cual sea la disciplina sumergirse de lleno en una tarea y una práctica. Les permite entrar en lo que los psicólogos denominan: “estado de flujo”, en el que están sintonizados con algo que están haciendo, sin darse cuenta del paso del tiempo y momentáneamente liberados del aburrimiento o las ansiedades de la vida cotidiana.

Estas tecnologías podrían servir como catalizadores de la creatividad. Es posible que el vínculo entre la ideación y la ejecución se pueda mantener si estas aplicaciones de IA se ven simplemente como mecanismos para la imaginación creativa, es decir extender la creatividad. 

Dicho de otra manera, con la Inteligencia Artificial, se podrá perder algo significativo, pero si se le toma como simples herramientas para fomentar el pensamiento creativo, esto podría ser muy positivo porque podría aportar lineamientos de expresión  y/o realización completando la idea de creatividad que alienta el inventor, emprendedor.

Pero tampoco se puede desconocer que la inteligencia artificial se podría encontrar ante un precipicio, una sensación de vértigo moral. Al generar el mareo inquieto que siente la gente cuando los avances científicos y tecnológicos superan la comprensión moral. Algo que puede conducir a la apatía y al desapego de la expresión creativa.

¿Si el trabajo humano se elimina del proceso, ¿qué valor tiene la expresión creativa? O tal vez, habiendo abierto la caja de Pandora, esta es una oportunidad indispensable para que la humanidad reafirme el valor de la creatividad y se oponga a una tecnología que puede impedir que prosperen ideas generadas por los humanos reales. Da para meditar y valorar al siempre vital y básico aporte humano, de donde, no debemos olvidar, parte todo.

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