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El desarrollo tecnológico nos sorprende a diario. Vivimos constantemente incorporando nuevos sistemas y procedimientos. Todo se desarrolla de forma vertiginosa como nunca antes había ocurrido. Vamos adquiriendo habilidades y perdiendo otras, así como también nos vamos distanciando de lo tangible. En los ochenta, empezamos a familiarizarnos con el control remoto y la televisión por cable, en los 90 se masificó el uso de las PC, el fax y las tarjetas de crédito. Apenas comenzó el siglo XXI, se popularizo Internet, los correos electrónicos, la telefonía celular, las redes sociales y un largo etcétera al que se le sumó en los últimos tiempos, la revolucionaria inteligencia artificial al alcance de cualquier persona mínimamente entrenada en el uso de computadoras, tabletas o teléfonos inteligentes.

La digitalización es la manera de transformar procesos analógicos y objetos físicos en digitales. Al expresar las distintas aplicaciones del término digital, el diccionario hace referencia a un dispositivo o sistema que crea, presenta, transporta o almacena información mediante la combinación de bits, unidad de medida del sistema digital. Hoy, la digitalización está presente en todos los ámbitos. En el trabajo, en el comercio, en la educación, en los bancos. Si bien simplifica algunos trámites, también es verdad nos los complica, haciendo que sean necesarios procedimientos engorrosos cuando la solución podría estar a la mano de una simple comunicación personal. Además, nos obliga a seguir aprendiendo nuevos sistemas y acumular usuarios, claves o contraseñas con números, letras mayúsculas, minúsculas y caracteres que hay que cambiar periódicamente.

Algunas empresas y organismos están eliminando la atención telefónica. Quieren que nos comuniquemos por medio de las redes sociales. ¿Y si no queremos usar redes sociales? 

Así vamos caminos a ser “usuarios” dejándose de lado aquello de “cliente”, todo por el vinculo con la “cosa” usada, mientras que el cliente lo tiene con el sujeto que le vende el objeto o el servicio. “El cliente siempre tiene razón”, se solía decir. El usuario de hoy va perdiendo el derecho a reclamar a su vendedor, sin intermediarios.

El arrollador sistema que se está imponiendo nos va cerrando las opciones. Porque lo que se suele presentar como una opción más cómoda y práctica, en un corto tiempo termina siendo la única forma de comunicación o de reclamo. Así se pierde el vínculo humano, todo se mediatiza y se despersonaliza la relación.

Solemos hablar de avances tecnológicos, sin darnos cuenta de que estamos tomando una posición. Al denominarlos “avance” partimos del supuesto que representan una mejora.

Por ejemplo, nadie podría negar la importancia de la escritura, y de todo lo que aportó al desarrollo humano, a lo largo de los siglos, pero, como todo tiene sus pros y contras, aún tan enorme tecnología, afectó la capacidad memorística de los sujetos inmersos en la cultura oral.

¡Si a la escritura es posible encontrarle un pero, cuantos se pueden otorgar a la revolución digital que nos pone cada vez más lejos de lo real!

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