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Se terminó. Fueron veintisiete días de trabajo intenso. Jornadas interminables desde la mañana hasta la noche, en comisiones que recibieron a todo el Estado: gobierno central, entes, autoridades de la salud, la educación y la economía. Todos presentaron su presupuesto y sus proyectos para los próximos cinco años. A eso se sumaron más de ciento noventa delegaciones de la sociedad civil, gremial, empresarial y académica. Vinieron a opinar, advertir y proponer.

Luego la votación en la Comisión, artículo por artículo, de más de 670 disposiciones, para habilitar su pase al plenario. Después el plenario. Tres días de discusiones de quince horas, con aditivos, sustitutivos, acuerdos que se concretan y otros que no, avances y frustraciones.
Así funciona la política cuando se la toma en serio.

Al final, se lograron cosas muy buenas, se mejoraron iniciativas, y quedaron otras con las que no estamos de acuerdo. Entre ellas, los nuevos impuestos, que no votamos. Creemos sinceramente que este no es el camino correcto si de lo que se trata es crecer, invertir y generar empleo.
La política empieza por algo básico: estar. Estar todos los días, todas las horas necesarias, prestando atención, estudiando y trabajando. Para eso nos pagan y para eso nos eligió la gente.

Sigue por algo igual de importante: evitar la comodidad de anunciar de antemano que se votará o que no se votará. Primero se escucha la propuesta, luego se la estudia y finalmente se decide. Si es buena, se acompaña. Si es mala, no. Si se puede mejorar, se propone cómo.
Lo otro es fácil pero estéril: “soy oficialista, voto” o “soy oposición, no voto”. Eso ahorra explicaciones, pero no construye país.
Prefiero concentrarme en lo positivo, que lo hay y mucho.

La decisión de avanzar con un nuevo aeropuerto en Rocha es una gran noticia para el este del país: para La Paloma, La Pedrera, el Cabo Polonio, y también para Garzón, José Ignacio y otras localidades de Maldonado. Es inversión, empleo y futuro.

Más fiscalías, más recursos para la Fiscalía, una Escuela de Fiscales y normas de apoyo son una necesidad imperiosa cuando el narcotráfico golpea la puerta, tira granadas y pretende cambiar nuestra forma de vida. Fortalecer al Estado es una obligación.

Otro logro institucional importante fue el endurecimiento de la regla fiscal en un año electoral. No es un detalle técnico: es una señal clara de responsabilidad. Significa poner límites al gasto, evitar desbordes tentadores cuando se acercan las elecciones y cuidar la estabilidad económica del país. Gobernar y legislar con reglas claras, incluso cuando incomodan, también es parte de la buena política.

Que la Presidencia de la República esté ahora incluida entre los sujetos obligados a responder los pedidos de informes del Parlamento es un avance institucional. Que cuando te vendan leche sea leche puede parecer un detalle menor, pero no lo es. Protege al consumidor, garantiza información y libertad de elección. Libertad también es saber qué se compra y no creer que se compra liebre cuando es gato.

Quedan temas en el debe. Uno relevante fue el artículo que propusimos para garantizar la inalterabilidad de los compromisos asumidos por el Estado en leyes y contratos, evitando cambios posteriores en las ecuaciones tributarias. No haberlo aprobado fue una frustración. La seguridad jurídica y la estabilidad tributaria son condiciones indispensables para atraer inversión y generar empleo. Seguiremos trabajando, defendiendo las Zonas Francas y la inversión privada, que han dado al país miles de puestos de trabajo, especialmente empleo joven, formal y de calidad.

No se aprobaron las modificaciones al secreto bancario. La propuesta del Partido Nacional de enviarlo a comisión y su compromiso de trabajarlo buscó acercar posiciones. No estamos tan lejos. Hay acuerdos relevantes: que sea siempre el juez quien disponga el levantamiento; que existan garantías y controles; el régimen de notificaciones al interesado. No son diferencias insalvables. Como se dice en el campo, no está tan lejos la chiva cuando se escucha su balido. Hablando y escuchando, se entiende la gente.

 

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