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  1. Pocos charrúas en Uruguay.

 

Los charrúas en Uruguay eran 500 en 1830. Los guaraníes 30.000. Es fabulación hacer protagonistas de nuestro territorio a los charrúas.

  1. Los Charrúas no eran originarios.

 

Los charrúas venían de Santa Fe. No eran originarios. Llegaron poco antes de la venida de los españoles. Los verdaderos ocupantes de este territorio, además de los guaraníes, eran los guenoas también llamados minuanes. Esta etnia empezó a ser aniquilada por los Charrúas que también empezaron a exterminar a los chanás que terminaron por refugiarse en las islas de la desembocadura del Río Negro.

 

  1. Los Charrúas esclavistas.

 

Al llegar los charrúas empezaron a matar guenoas y luego a venderlos como esclavos a Buenos Aires y a San Pablo. Los primeros registros de ese esclavismo  son de 1580. Los guenoas huían más adelante hacia el norte y se guarecían en las misiones jesuíticas guaraníes. Un par de sacerdotes jesuitas al mando de mil guaraníes, cansados de ese éxodo guenoa, en 1702 bajaron y a orillas del Yi mataron a centenares de guerreros charrúas y se llevaron a niños y mujeres a las Misiones.

 

4. Los Charrúas paleolíticos.

 

Tanto los guenoas como los chanás y guaraníes practicaban proto agricultura, crianza de animales y alfarería. Eran neolíticos. Los charrúas eran más atrasados, simples cazadores, recolectores sin cultura alguna, paleolíticos. Su estado de salvajismo era una ventaja militar. Félix de Azara los numera como "unos 400". Los charrúas enriquecieron su inexistente cultura con tres cosas que trajeron los españoles: el caballo, la vaca y el hierro. Ni originarios ni cultura originaria.

 

5. Los de París no eran Charrúas.

 

Se suele confundir a los charrúas con lo que eran las “tolderías”.  Vivían del robo y del pillaje. Atacaban en “malón” las estancias y mataban a los hombres, secuestraban a las mujeres y robaban el ganado. Ese conjunto de gente de mayoría charrúa estaba también integrado por disidentes de otras tribus y mestizos de diversa procedencia. Había tres sistemas vigentes. El criollo al sur del Uruguay, el jesuita misionero al norte de la Banda Oriental y el bandeirante portugués que penetraba desde el noreste. Entre ellos estaban nómadas las tolderías. Según los más importantes antropólogos uruguayos ni Vaimaca, ni Tacuabé, ni Guyunusa ni Senaqué eran charrúas. Vaimaca era bajito (1.62) muy por debajo del promedio charrúa (1.75), de cráneo  braquicéfalo (los charrúas dolicocéfalos), más un sinnúmero de pruebas.  Senaqué era compañero de vida de Vaimaca, probablemente del mismo origen. Tacuabé y Guyunusa eran bautizados (partida en Paysandú) y los charrúas no lo eran.

 

6. Artigas mató Charrúas.

 

Los charrúas practicaron la violencia contra todos durante el tiempo colonial y todos fueron contra sus procedimientos criminales. Fueron por ello siempre reprimidos. Sobre 1750 en Santa Fe fueron severamente sometidos.

Como oficial blandengue, según consta en el archivo Artigas, el prócer encabezó diversas partidas para reprimir a los bandidos charrúas que, según los partes militares, arrojaban ora 20 muertos charrúas, ora 12 muertos, ora una cantidad de muertes no cuantificadas. José Artigas, según consta en el archivo Artigas, cobraba dinero extra en esas partidas contra los charrúas.

 

7. Salsipuedes.

 

Fructuoso Rivera siempre tuvo una visión diferente a lo común de su época sobre los indígenas. Cuando en la Cisplatina Lecor le pide a Rivera, jefe del batallón de Dragones orientales (batallón que integraban Lavalleja y Oribe), que reprimiera a los Charrúas, Rivera le contesta que será mejor darles instrumentos de labranza y tratar de conservar su “oriundez preciosa”. Esa expresión textual de la respuesta de Rivera a Lecor es absolutamente excepcional por lo humanista en la América de entonces. Cuatro años después Rivera ignora la orden del gobernador provisorio de esta tierra ya independiente, Juan Antonio Lavalleja, de liquidar a los Charrúas.  Cuando ya Presidente los Charrúas cometen una serie de ataques y asesinatos, Rivera sale a combatirlos, previa autorización de la Asamblea General, que discute el tema y pide terminar con el bandidismo.

Lo primero que hace es tratar de negociar. Eso ocurre en febrero de 1831. En medio de las negociaciones los Charrúas intensifican sus crímenes. No queda otra solución que la militar. Unos días antes de la batalla de Salsipuedes, Rivera le escribe al Senador y estrecho amigo Julián de Gregorio Espinosa hablándole sobre el tema. Dice que no cree en “la política de exterminio de los virreyes”, dice que tratará de evitar víctimas. Y eso hace. Reduce a pura conversación a 400 indígenas. El último clan (por su atraso los Charrúas no tenían jerarquías comunes sino organización en clanes) presentó batalla. Murieron 12 hombres del Ejército de la República (entre ellos el hijo de 18 años del principal Ministro, Maximiliano Obes, hijo de Lucas Obes) y 40 Charrúas. En batalla.

En los años 60 del siglo XX los marxistas y los populistas (tipo Eduardo Hughes Galeano) necesitaban un genocidio en Uruguay. Esos 40 muertos en batalla fueron transformados en el genocidio uruguayo. Único genocidio que salvó a la mayoría de los guerreros, a mujeres, niños y viejos. Rivera aprobó un decreto con su ministro Ellauri, que obligaba a los hogares que recibieran Charrúas, a tratarlos bien, alimentarlos, darles educación y alfabetizarlos en un plazo de 6 años, después de los cuales los indígenas se convertían en ciudadanos.

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