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La beata Mama Antula, a punto de ser consagrada santa por la Iglesia Católica, está considerada la primera defensora de los derechos humanos en Argentina, en tiempos del virreinato colonial hispánico del Río de La Plata, según sus biógrafos. "Tuvo una vida de compromiso con los excluidos, que eran los indios, esclavos, mulatos y campesinos", relata a la AFP Cintia Suárez, coautora de su biografía junto con la italiana Nunzia Locatelli.  La ceremonia de canonización será encabezada justamente por un compatriota suyo, el papa Francisco, el domingo 11 en la Basílica de San Pedro, en presencia del presidente argentino Javier Milei.

La biógrafa, periodista y antropóloga social explica que "el mensaje de Mama Antula fue muy fuerte para su tiempo e inspira a mujeres incluso hasta hoy". "Cobra impulso por Jorge Bergoglio (el papa) que se encargó de difundirlo con devoción".  Mama Antula era una laica vinculada desde adolescente con los jesuitas, la orden de la Compañía de Jesús de la cual surgió Francisco. "Después de andar a pie más de 4.000 km con sus ejercicios espirituales por provincias del norte, había llegado a Buenos Aires descalza, destrozadas sus sandalias y con la capa, que le había regalado un jesuita, casi rota, llevando una cruz de madera", detalla Suárez.

Ni monja ni esposa

Se llamaba María Antonia de Paz y Figueroa. Nació en el seno de una familia adinerada en la Villa Silípica, a 40 km de Santiago del Estero, capital de la provincia homónima (noroeste), también natal de Suárez. Antula significa Antonia en quechua, lengua de los pobladores del norte argentino. ¿En qué se manifestaron su rebeldía e influencia? Suárez cuenta que "a los 15 años, edad en la que las mujeres ingresaban a un convento como monjas o se casaban, decide una tercera opción: ser una laica consagrada".


Los dos milagros peritados por el Vaticano fueron curaciones inexplicables. Por su intercesión, "se recuperó en 1905 la religiosa Vanina Rosa, desahuciada por una infección generalizada", explica Suárez. "En 2017 nos enteramos del caso de Claudio Perusini, un argentino que se recupera de un ACV. Los médicos decían que ya nada se podía hacer", relata.

Suárez se documentó con más de 300 cartas manuscritas halladas en el Archivo de Estado de Roma.

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