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En el horizonte político de Texas se populariza un término que, aunque resuene con el estruendo de lo inaudito, cobra cada vez más fuerza: “Texit”. Como Brexit, pero aplicado al estado de la estrella solitaria. La posibilidad de una escisión de Texas del resto de los Estados Unidos ha pasado de ser un murmullo a una conversación audaz, especialmente después de las recientes declaraciones de Daniel Miller, el presidente del movimiento secesionista Texas Nationalist Movement, en su podcast. Miller señaló una serie de movimientos estratégicos por parte del Gobernador Greg Abbott que podrían interpretarse como preparativos para una independencia texana.

Abbott ha extendido su influencia más allá de las fronteras estadounidenses, con una serie de viajes internacionales a India, Israel y el Reino Unido, donde incluso llegó a firmar una declaración de cooperación mutua con la secretaria de Negocios y Comercio británica, Kemi Badenoch, en el emblemático 10 Downing Street de Londres. Un acuerdo de asociación económica con Finlandia y una declaración de intenciones con el ministro francés Olivier Becht refuerzan la percepción de que Texas está allanando el camino hacia una posición más autónoma en el escenario global, alimentando las especulaciones sobre un inminente Texit.

Mientras tanto, distintas voces, algunas pintorescas, se alzan para delinear visiones utópicas de una Nación de Texas. En la primera conferencia del Texas Nationalist Movement, celebrada en el Centro de Convenciones de Waco, Claver Kamau-Imani, un predicador de Houston, compartió su visión profunda de lo que sería esa independencia. Dijo frente a aproximadamente 100 asistentes: “No tendremos impuestos, ni límites de velocidad ni carreteras con peaje. No habrá liberales, ni leyes sobre armas, ni molinos de viento ni pobres” proclamó, según lo citó The Texas Tribune. El ambicioso sueño de Kamau-Imani también incluía el establecimiento de una moneda propia, una bolsa de valores independiente y un depósito de oro, además de grantizar “el control completo de nuestra propia política de inmigración”. Subrayó: “Vamos a ser tan ricos. Vamos a ser ricos.” Kamau-Imani cree que el Producto Interno Bruto (PIB) de Texas podría duplicarse en un plazo de cinco a siete años tras la declaración de independencia.

La historia del anhelo de independencia de Texas es larga y parece revivir periódicamente. Desde la insurgencia del movimiento Republic of Texas en la década de los noventa, el cual argumentaba que Texas nunca fue legalmente admitido en los Estados Unidos y por lo tanto seguía siendo una nación soberana, hasta la reciente conferencia de Texit que contó con el respaldo de figuras destacadas del Partido Republicano de Texas, la idea de la independencia ha persistido en el ambiente político y cultural del estado.




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