Lo sucedido en Brasil /
Un acto de terrorismo anunciado
Lo que sucedió ayer, en Brasil, podría definirse como la crónica anunciada de un acto terrorista. Quien se haya sorprendido, no venía siguiendo los acontecimientos políticos de los últimos meses. El expresidente Jair Bolsonaro -que sigue presentandose como presidente de Brasil en redes sociales- se rehusó a participar del acto de asunción de quien lo derrotó en las urnas, viajó a los Estados Unidos, y arengó a sus seguidores que pedian un golpe militar.
Se especuló que el caos ocurriría el 1° de enero, día en que Lula da Silva inició su tercer mandato, pero tardó algunos días más. ¿Por qué? Esa es una de las interrogantes. Pero el caos llegó y fue peor que en los Estados Unidos. Los bolsonaristas, ante la mirada pasiva de las fuerzas policiales, invadieron y depredaron el Congreso Nacional, el Supremo Tribunal Federal (STF) y el Palacio del Planalto. Además, caminaron durante casi tres horas por avenidas importantes de Brasilia en dirección a las principales instituciones democráticas de la República, sin ningún tipo de impedimento. Fue algo increíble de ver para cualquier brasileño que cree en la democracia como sistema de gobierno.
Demandas de militarización
Algo que se definió como un evento que busca deslegitimar los liderazgos políticos e instituciones democráticas. El plan es rodear el gobierno, con el objetivo de hacerlo insostenible en el ejercicio del poder. El caos es el instrumento para demandar la militarización. Algo que confirma el crecimiento de la extrema derecha brasileña que, se sostiene; busca referencias internacionales e incorporar agendas de la extrema derecha global”. La clave, indican politologos brasileños, es saber “cuál es el grado de penetración nacional de estos grupos terroristas, el apoyo que tienen, financiamiento y red de contactos. Todo eso tiene que ser averiguado”.
La reacción de la comunidad internacional fue rápida, como también lo fue la de los principales dirigentes de la política brasileña. El terrorismo bolsonarista unió gran parte del el arco político, dejando en claro que este tipo de barbárie no será tolerada. Pero no está claro con qué libertad actuarán los militantes bolsonaristas en territorios nacionales controlados por gobiernos locales de derecha.
Policías cómplices
Habrá que ver qué medidas se tomarán contra quienes -como lo muestran videos que circularon en redes sociales- no solo no actuaron, sino cómo llegaron a sacarse selfies con los terroristas. Algunos pidieron la detención de los policías cómplices. También están en la mira el ahora exsecretario de seguridad pública de Brasília, el exministro de Justicia de Bolsonaro, Anderson Torres, que estaba en los Estados Unidos cuando el caos se apoderó de la capital brasileña, y el gobernador de Brasília, Ibaneis Rocha, también cercano al expresidente, que al final del día le pidió disculpas a Lula en un video.
¿Fortalecido o no?
El gabinete de Lula no sale ileso de este episodio; afectará al ministro de la Defensa, José Múcio Monteiro, quien aseguró que los campamentos de bolsonaristas frente a los cuarteles, estaban bajo control.
Para algunos, Lula sale fortalecido y Bolsonaro queda más aislado. Para otros, el nuevo gobierno tiene por delante un enorme desafío: el de gobernar, reinsertar a Brasil en la comunidad internacional y resolver problemas graves como el hambre y el elevado indice de pobreza.