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Ya hace tiempo que lo que más se exige, se reclama y se plantean, como siempre valederos e impostergables son los derechos y no tanto las obligaciones. Por eso,  ya es recurrente y de una manera si se quiere grotesca, redundante y casi convencional que se haga permanente referencia a los "derechos humanos".

Eso es así debido a razones fundamentales. En primer lugar, el sujeto de derecho para ser consecuente tiene que contar con libre albedrío, es decir, capacidad de decidir y optar entre distintos medios para la consecución de específicos fines, lo cual incluye la capacidad de defender sus derechos y saber cumplir con las obligaciones que todos tenemos. 

La condición humana se entiende que implica y permite tener la capacidad de distinguir proposiciones justas y verdaderas de proposiciones falsas. Algo que lleva e implica inexorablemente tener o desarrollar la facultad de argumentar, analizar y revisar las propuestas y sacar las correspondientes conclusiones, para  así poder apoyar o rechazar  con seriedad y el debido fundamento. algunas ideas y propuestas.

Las que en los papeles,  lucen siempre o casi siempre,  muy lindas, justas, pero que en la practica todas sin excepciones tiene su costo, su precio.  Por lo tanto, alguien las debe financiar, pagar y como el dinero del Estado  es siempre finito, máxime si se tiene un déficit fiscal y se viven momentos de pandemia como las actuales.  

Lo que obligo  para atender el fundamental derecho a la vida, a priorizar la compra de equipamiento médico, instalar salas de CTI en muchos puntos del país, ademas de adquirir medicamentos especiales y millones de dosis de vacunas. A lo que se debió sumar el gasto de la logística para desarrollar y aplicar la consiguiente campaña de vacunación como se ha hecho. Todo generado en una situación impensada e inesperada. Con la realidad de que el país debe seguir funcionando con sus gastos, servicios, obras. Todo en el real entendido de que el dinero del Estado no crece en forma espontánea, no son hojas de arboles sino que salen del bolsillo del contribuyentes, es decir todos los hijos de este país. Recursos que hay que producir, comercializar, exportar,  y para todo ello, hay que tener o conquistar mercados. Exito que en buena medida depende de la capacidad, eficiencia y productividad de la mano de obra uruguaya.

No es novedad que el Uruguay es un país caro y que tenemos un Estado, que ademas de ser de exagerado tamaño, por ser erroneamente el principal generador de empleo, es ineficiente y poco productivo. Por lo tanto, debemos entender que todo reclamo,  propuestas para atender derechos, necesidades, conllevan una inevitablemente cuota de responsabilidad política, individual y colectiva. Por lo tanto esta en juego la  realidad, oportunidad y moralidad del reclamo o exigencia.

El ser humano es la única criatura que posee el libre albedrío que constituye el cimiento y la distinción sobresaliente de su naturaleza. 

Pero el derecho tiene un significado preciso que no puede bastardearse ni usarse interesadamente y políticamente en forma liviana. Hoy en día lamentablemente se recurre al derecho para asimilarlo al pseudo derecho puesto que se ha trocado su significado por el atropello al derecho de la mayoría. De este modo se pretenden otorgar derechos que implican la usurpación del bolsillo ajeno. Se ha llegado a la sandez de sostener que frente a toda necesidad nace un derecho confundiendo conceptos clave.

Uno de los ejemplos de mayor estupidez  sobre derechos, se planteo hace algunos años, en la Asamblea Constituyente de Ecuador – con una moción que lógicamente no prosperó -  que planteaba la inclusión en su Constitución de "el derecho de la mujer al orgasmo". Un claro ejemplo de que en el marco de los reclamos y derechos, se puede plantear, exigir cualquier cosa. Algo que muestra la lamentable decadencia en que hemos caído en la interpretación del derecho. Por ello, es que paradójicamente, cuanto más se declama sobre "derechos humanos" especialmente por gobiernos declarados “progresistas populistas” en realidad lo que hacen es atropellar cada vez más,  los reales y validos derechos de los gobernados. Algo que implica, que en lugar de garantizarlos y protegerlos, se los desvirtúa y eso si que es un atropello a los “derechos” que son los que constitucionalmente nos rigen.

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